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Esa bisagra aún no inventada entre los dos palacios

Por: Juan Paredes Castro |

Ahora que el presidente Alan García tiene que hacer valer sus reclamos sobre el perro del hortelano en el Congreso, siente que le falta la bisagra oficial que a nadie se le ha ocurrido inventar entre el Ejecutivo y el Legislativo.

En casi todos los parlamentos del mundo existen oficinas o funcionarios administrativamente competentes encargados de facilitar el flujo de los asuntos gubernamentales que tienen que ver con las leyes y sus reglamentaciones.

Estamos ante un tipo de desempeño que no puede estar reducido a portapliegos o a sucesivos jefes de bancadas oficialistas.

Ocurre que aquí, en el Perú, esta función la ejerce generalmente el oficial mayor, que es más una especie de jefe de Gabinete o ayudante jurídico-administrativo de la presidencia del Congreso. Suele ver y encargarse de poner en agenda las iniciativas del Gobierno. Pero su trabajo se inclina más por las prioridades del Congreso que por las del Gobierno.

Por último, el oficial mayor vive permanentemente absorbido por las decisiones administrativas del más alto nivel y por la conducción de los plenarios. Es, pues, un hombre del Legislativo y no un hombre del Gobierno.

Nuestros legisladores y gobernantes deberían enterarse, si ya no lo conocen, que México tiene un excelente ejemplo de bisagra entre el Ejecutivo y Legislativo. Lo representa una alta personalidad con rango de viceministro. Algo así como fedatario por excelencia del trámite de iniciativas legales y sus resultados, pero sobre todo de las gestiones del Gobierno ante las distintas comisiones parlamentarias. Bajo este ejemplo, debe y tiene que ser una bisagra muy ágil y expeditiva.

La pregunta de turno es por qué no se redacta un brevísimo proyecto de ley que cree esta indispensable competencia burocrática, probablemente a un costo que el ministro de Economía, Luis Carranza, no va a oponerse. A fin de cuentas su despacho podría ser el principal beneficiario de esta innovación administrativa.

Para simplificar las cosas, esta nueva bisagra podría estar en manos de un oficial mayor del Gobierno, que a su vez tendría que entenderse --y muy bien-- con el oficial mayor del Congreso.

El actual secretario general de la presidencia, Luis Nava, no tendría que preocuparse por perder poder. En todo caso tendría que perderlo, apenas ínfimamente, en función del aprovechamiento eficaz de la coordinación administrativa entre dos importantes poderes.

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