Por razones morales y religiosas el Estado que tenemos que reformar nunca ha hecho una campaña para un uso masivo del condón
Por Mariella Balbi
En medio de una intensa discusión sobre la reforma del Estado que, como se sabe, incluye la salud pública, se conmemoró el Día Mundial de la Lucha contra el Sida (síndrome de inmunodeficiencia adquirida) y como siempre la realidad supera a las múltiples teorías. Esta nos demuestra que el sector Salud bien poco ha hecho por quienes contraen esta incurable, pero hoy controlable, enfermedad. Si alguna vez se produce la ansiada reforma --los estudiosos dicen que pronto la palabra se banalizará--, debería tener en el sector Salud a la lucha contra el sida como una de sus principales banderas.
Que instituciones cooperadoras y personas notables aparezcan una vez al año, y por primera vez, con personas infectadas con el virus después de más de 30 años con la enfermedad en nuestro país, es encomiable y, sin duda, ayuda a la no discriminación. Pero no ataca el fondo del problema: la prevención, o la falta de ella. La ignorancia, sumada al miedo al contagio, originan la discriminación de las personas con VIH. Viene a cuento lo vivido por un profesional, con posgrado y todo, cuando supo que un pariente político tenía sida; estaba aterrado siquiera de aproximarse a este, hasta que un galeno le demostró su ignorancia. Finalmente, la educación superior le sirvió de algo y entendió que el contagio solo se da por vía sanguínea. Mensaje que debería ser machacado diaria o interdiariamente si de campañas se trata.
En las comunidades gays de California la curva del sida disminuyó, principalmente porque se internalizó que el uso del condón en la vida sexual es lo único que ayuda para no contraer la enfermedad. En el Perú, el condón más barato cuesta dos soles la caja y vienen tres adminículos. El siguiente vale dos soles cincuenta la caja y luego viene uno de seis soles la caja. El usuario juzgará si es caro o no para su impetuosidad. En algunos hospitales, y tan solo en el área donde se atiende a portadores, se encuentra una discreta caja con los adminículos. Por razones morales y religiosas, el Estado que tenemos que reformar nunca ha hecho una campaña para un uso masivo del condón. Las campañas funcionan como las comerciales, básicamente se bombardea un mensaje y luego viene la medición de su efectividad.
Los medicamentos retrovirales para estos pacientes son un tema aparte; hay mejoras pero su acceso es siempre difícil. Una verdadera estrategia de prevención contra el sida contempla también las maneras sexuales de los peruanos, las que aún son bastante retrógradas. Muchísimos varones en riesgo ven en el preservativo una prejuiciosa incomodidad, y si la mujer lo propone tranquilamente puede ser adjetivada de prostituta. Nuestros comportamientos sexuales son todavía un continente por explorar; entretanto, esperamos una sólida campaña para que el uso del condón y su reciente contraparte femenina sean automáticos y sin cuestionamiento alguno.