Por: Juan Paredes Castro |
El presidente Alan García sabe que para acabar con la cultura del perro del hortelano (no hacer nada ni dejar que otros lo hagan) en el Estado ha tenido que encontrarse con la propia horma de su zapato, es decir, con las trampas burocráticas del Gobierno dispersas en todos sus ministerios.
A partir de la idea de lo que tiene que cambiar y mejorar en casa y de lo que tiene que pedir cambiar y mejorar en los demás poderes, va a ser mucho más fácil para García identificar dónde está realmente metido a fondo el perro del hortelano, dónde multiplicado por dos o por diez y dónde confundido en la espesa maleza de corrupción, que ya es lo peor.
Por lo pronto, la bancada de Unidad Nacional salió a decirle al mandatario que cuando busque al perro del hortelano en el Congreso comience por considerar parte de él a la bancada aprista, que a juicio de la alianza liderada por Lourdes Flores es la de mayor influencia en este poder del Estado, pero al mismo tiempo la responsable de que no haya una agenda de prioridades ni la atención debida y preferente a los propios proyectos de ley del Ejecutivo.
En suma: Unidad Nacional concibe a la bancada aprista del Congreso como la que tira al perro del hortelano del bozal y que, por consiguiente, debería ser la primera en responder las exigencias legislativas de Palacio de Gobierno.
Ahora bien, mientras el Parlamento espera el retorno de su presidente, Luis Gonzales Posada, para ver qué hace en definitiva, el Consejo de Ministros ya empezó a aprobar algunos proyectos puntualmente dirigidos a acabar con el perro del hortelano. O sea que a la actual tarea parlamentaria pendiente se suma otra que va a tener al Congreso en la cúspide de la expectativa laboral de fin de año y de inicios del siguiente.
Lo que tienen que hacer el Gobierno y el mismo mandatario es levantar algo así como el mapa del perro del hortelano en la administración pública, de modo que las identificaciones del problema aquí y allá sean muy claras y las propuestas de solución también.
Así sabremos a corto, mediano y largo plazo, mediante indicadores en rojo, ámbar y verde, la evolución del trabajo gubernamental en la mejoría en la gestión de la administración pública.
Recuérdese que el mal del perro del hortelano no es más que la fotografía fiel de cómo anda nuestra gestión administrativa estatal con todo su inmovilismo improductivo.