Por Fernando Vivas. Periodista
El escenario fue el Congreso. Quienes hicieron el papelón fueron los miembros de la Comisión de Relaciones Exteriores. Quienes los empujaron a hacerlo fue gente de Torre Tagle.
El enredo fue así. Primera escena: En octubre del 2005 el Perú participó en la Convención Iberoamericana de Derechos de los Jóvenes en Badajoz, España. La conclusión fue una declaración de derechos de los jóvenes que los gobiernos participantes se comprometieron a respetar.
Segunda escena: Nuestra cancillería, entonces bajo el mando de Óscar Maúrtua, debía enviar un proyecto de ley al Congreso para aprobar la convención. Pero he aquí que a un diplomático le dio un ataque de paranoia homofóbica y razonó así: la convención declara en su artículo 5 que los jóvenes no pueden ser discriminados bajo ningún concepto, en su artículo 14 obliga a respetar su identidad y el artículo 20 habla del "derecho de los jóvenes a la libre elección de la pareja, a la vida en común y a la constitución del matrimonio dentro de un marco de igualdad". ¡Tate!, se dijo, esta es la puerta para meter el matrimonio gay en el Perú. Y Torre Tagle envió la convención al Congreso pidiendo que hiciera reservas en ese y otros puntos.
Tercera escena: La Comisión de Relaciones Exteriores, presidida por el fujimorista Alejandro Aguinaga, no le da muchas vueltas al asunto y lo aprueba tal como lo pide Torre Tagle. Además, el Consejo Nacional de Juventudes (Conaju), presidido entonces por Carmen Vegas, opinó a favor de las reservas, ¡a pesar de que se trata de una convención pro juventud!
Cuarta escena: El pasado jueves 29, el pleno del Congreso debatió el dictamen y algunas voces sensatas advirtieron de la desatinada y gratuita reserva. El dictamen fue devuelto a comisiones, incluyendo, esta vez, también a la Comisión de la Mujer.
Llamé al congresista Aguinaga y me dijo que mantiene su posición respecto de esta reserva, pues ve que la convención puede colisionar con nuestra legislación que habla de matrimonio entre hombre y mujer, pero que su comisión va a volver a discutir el tema y oirá a la opinión pública. También me aclaró que su bancada no ha debatido el asunto.
Mi impresión es que la comisión se ha enredado en los argumentos de Torre Tagle, que ha visto el fantasma del matrimonio gay donde no lo había y al formular la reserva ha dejado textual constancia (página 11 del dictamen) de una actitud discriminatoria y homofóbica, lo que es un peligro para nuestra cultura tolerante y democrática. ¡Y todo por las puras alverjas!
Torre Tagle es el verdadero autor del desaguisado, así que corresponde a la actual gestión de José Antonio García Belaunde ayudar al Congreso a rehacer el dictamen de marras que ya ha dado pie a extremos de cuidado, como el protagonizado por el congresista evangélico David Perry, quien ha lanzado una nota de prensa con el título: "Homosexuales pueden ser restaurados y guiados a su verdadero sexo". En semejante propuesta se lee desprecio por la condición ajena. La comedia ya no da risa.