Punto de vista
Por RolandoArellano. Doctor en márketing*
A lo largo de la historia peruana hemos tenido pensadores que consideraban que la cultura autóctona nacional era una desventaja para el crecimiento del país. Esta forma de ver las cosas fue compartida por casi toda la sociedad dirigente peruana, incluyendo por cierto a los grandes empresarios, tradicionalmente limeños y mestizos. Hoy que la firma del TLC con EE.UU. alegra a muchos y preocupa a otros --pues trae nuevos mercados pero también traerá nuevos competidores para nuestras empresas--, es interesante pensar que quizá nuestras raíces indígenas son una ventaja para la industria nacional.
Por años los peruanos consumimos básicamente producto nacional, en gran parte porque los impuestos a la importación hacían inaccesibles los precios de lo extranjero. Mayoritariamente, los productos importados llegaron solamente a los reducidos grupos de altos ingresos, mientras que las mayorías consumían sobre todo productos hechos a su medida por la pequeña industria y el sector informal.
Con el TLC la capacidad competitiva de lo importado cambia, pues los productos extranjeros podrán entrar más baratos y por lo tanto irán a competir en nuestros mercados, incluso en las zonas más populares, las que, de paso, están incrementando sus ingresos y podrán comprar productos de mayor precio y mejor calidad. En otras palabras, la industria nacional, formal e informal, ve amenazada su participación en su mercado nacional tradicional, que crece en capacidad adquisitiva.
¿Cómo puede luchar la industria peruana contra esos productos importados, que tendrán la ventaja de la alta calidad tecnológica, de su economía de escala mundial y de precios competitivos gracias al libre comercio? Sin duda, primero tratando de mejorar su calidad y buscando la eficiencia y ventajas que le da la producción cercana al lugar de consumo. Pero por encima de eso, aprovechando la gran ventaja competitiva que le da el tener la misma cultura ancestral de sus consumidores; esa raíz indígena que tenemos todos los peruanos y que nos hace comprender mejor algunos aspectos que un extranjero occidental no llega a entender.
En verdad, ¿para quién resulta más fácil entender que el regateo de precios es a veces mejor que el precio fijo? ¿Para un empresario nacional o para el que viene de fuera? ¿Quién sabe que la mayonesa para los peruanos debe ser suave y con limón, y no espesa y neutra? ¿Quién entiende que la mujer conservadora quiere comprar los cosméticos en su casa y no salir a buscarlos? Sin duda, en ese puntito de ají, que solo nosotros sabemos ponerle a los productos que quieren los peruanos, podría estar una ventaja defensiva importante de nuestra industria, como lo dijéramos ya en esta columna ("TLC con Ají", en octubre del 2004). Cholo soy, y me alegro, podría decir el empresariado peruano hoy.
Para terminar, estimado lector, le propongo una prueba. Diga "aquel arbolito, donde estaba". Si siguió cantando la pegajosa estrofa no queda duda, usted es culturalmente peruano. Felicitaciones, ya tiene una ventaja competitiva más.
*ARELLANO MÁRKETING, INVESTIGACIÓN Y CONSULTORÍA