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¿A Jerusalén vía Annapolis?

Análisis

Por Farid Kahhat. Analista internacional  *

"Israel es un país que ansía la paz con sus vecinos, que favorece la política de dos pueblos, dos estados; lamentablemente, no hay interlocutores". Así culminaba una carta enviada por un lector en respuesta a un artículo previo de este columnista. Lo interesante es cómo este argumento, que replica la posición oficial del Estado de Israel, suele esgrimirse sin referencia alguna al pasado. Porque hubo un tiempo en el que Israel negó de manera oficial que hubiera dos pueblos involucrados en el conflicto: tras asumir el cargo de primera ministra, Golda Meier declaró en 1969 al "Sunday Times" británico que el pueblo palestino sencillamente no existía.

Cuando finalmente se dejó de negar lo evidente, la nueva línea argumental consistió en sostener que, si bien existía un pueblo palestino, este ya disponía de un Estado (el reino de Jordania), razón por la cual no había necesidad de crear otro en los territorios ocupados. Sarah Honig, columnista del diario israelí "Jerusalem Post", increpó con acritud a Ariel Sharon por haber abandonado esa tesis en el 2004, cuando aprobó el retiro israelí de Gaza (manteniendo el control sobre sus fronteras y espacio aéreo).

Es cierto que las organizaciones palestinas pecaron de una tozudez comparable al ignorar hasta 1988 la existencia del Estado de Israel, al punto de negarse a llamarlo por ese nombre (prefiriendo expresiones crípticas como la de "entidad sionista"). La diferencia es que mientras ese hecho es de dominio público, el Gobierno de Israel blande su posición actual como un blasón nobiliario, prefiriendo olvidar que le tomó varias décadas aceptar el consenso internacional.

Podría argüirse que no tiene objeto hurgar en el pasado ahora que existe un consenso básico: dos estados para dos pueblos. Incluso podríamos coincidir en que la división política que existe entre los palestinos crea problemas de interlocución, entre otras razones porque Hamas no reconoce de modo incondicional el derecho de Israel a existir como Estado judío. Pero como recuerda el peruano Álvaro de Soto en su reporte al secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, cuando a los dirigentes de Hamas se les exige reconocer a Israel, su respuesta rezuma una sutil ironía: "Está bien, solo díganos bajo qué fronteras quieren que reconozcamos al Estado de Israel".

El problema no es solo que Israel no ha declarado jamás cuáles son sus fronteras internacionales. Tampoco es únicamente que niegue en forma explícita que sus nuevas fronteras tras un acuerdo serían las de 1967 (como exigen el derecho internacional y la Hoja de Ruta). Es además que Israel viene expandiendo de facto sus fronteras en territorios ocupados, a través de la confiscación de tierras de palestinos con el fin de construir un muro declarado ilegal por la Corte de La Haya, y ampliar los asentamientos para colonos judíos.

En otras palabras, desde 1991 Israel ha negociado en forma intermitente el estatus de los territorios ocupados, pero jamás ha cesado su proceso de colonización. Por eso la Hoja de Ruta añade, entre otros, el adjetivo 'viable' a la frase 'Estado palestino': a juzgar por los discursos pronunciados sucesivamente por Ariel Sharon y Ehud Olmert en la localidad de Herzliya, lo que los gobernantes israelíes tienen en mente para los palestinos difícilmente podría calificar como un Estado. Por ejemplo, en su discurso del año pasado Olmert sostenía que, además del territorio ubicado al oeste del muro que viene construyendo en Cisjordania, "Israel mantendrá zonas de seguridad, los principales asentamientos y lugares importantes para el pueblo judío". Durante su visita a Israel en octubre pasado, la propia Condoleezza Rice criticó la decisión del Gobierno Israelí de confiscar tierras palestinas en las inmediaciones de Jerusalén, al indicar que "la expropiación tiene por objetivo construir una carretera, pero esta dividiría prácticamente en dos a Cisjordania, lo que complicará crear un Estado palestino viable".

Bajo esas circunstancias, algunos pacifistas israelíes han decidido apelar al temor antes que a la esperanza de sus compatriotas de cara al futuro, con el fin de persuadirlos sobre la necesidad de conceder un "Estado viable" a los palestinos. Yossi Beilin, dirigente del partido Meretz, repite a quien lo quiera oír que en el 2010 los palestinos serán mayoría en el espacio comprendido entre Israel y los territorios ocupados. La buena nueva es que la táctica de infundir miedo parece funcionar, puesto que el propio Ehud Olmert ha comenzado a usarla. En una reciente entrevista concedida al diario "Haaretz", declaró lo siguiente: "Sí llegara el día en que la solución de dos estados colapse, y enfrentásemos una lucha al estilo sudafricano por el derecho al voto para los palestinos de los territorios, tan pronto ello ocurra, el Estado de Israel habrá llegado a su fin". La razón es simple: Israel podrá ser entonces una democracia o, en forma alternativa, podrá ser un Estado judío, pero no podrá ser ambas cosas a la vez.

* CATEDRÁTICO DE LA PUCP

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