Edición impresa

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google

CONTRACORRIENTE

El abuso infantil y la sanación

VINKA JACKSON

Por Milagros Leiva Gálvez

Cuando uno termina de leer tu libro, lo que provoca es abrazarte.
Gracias. De verdad. Cuando terminé mi libro, yo también quería abrazar la vida, fue como decir misión cumplida, era como si a pesar de todos los procesos de reparación intensivos que había hecho durante muchos años por fin cerraba una etapa. Igual me quedan cosas por seguir trabajando, pero siento que con este libro puedo aportar, que dejo mi granito de arena.

Tienes 39 años, ¿cómo has hecho para salir de toda esa memoria?
¿Cómo hice para no meterme un balazo? La tentación para desaparecer ha existido, claro, de pronto te arrollan la memoria, el dolor y la idea de no estar aquí. Afortunadamente tuve una hija muy joven y ella me amarró a la tierra... Desde chica me di cuenta de que había gente muy fuerte y que también somos muy frágiles. Yo hacía bromas, si uno mide un metro y medio y solo pesa cincuenta kilos cómo sostener todo esto. Te cansas. A veces tienes ganas de bajar los brazos y de morirte y de descansar y dices: si existe el cielo, ojalá me vaya para allá.

Creces como una chica muy consciente del abuso.
Yo era una niña que sabía que la pasaba muy mal. De chico uno no cuenta con el vocabulario para explicar lo que pasa y por eso para los niños es tan difícil hablarlo. El repertorio es limitado: me toca aquí, me pega allá, pero no tienes conciencia de lo que pasa. Recién lo entendí en la adolescencia. Cuando leí "Edipo rey" y comencé a leer sobre el incesto, se me cayó la cara. Una cosa era que yo supiera que había una historia difícil con mi papá donde había toda violación de límites posibles y otra cosa muy distinta era poner un nombre a todo esto.

¿Por qué los niños no cuentan? Tú tenías una mamá, una nana...
Creo que los niños creo que hay una necesidad de pensar que los papás son buenos, que tienen la razón además te lo dicen: que lo hacen por tu bien y por otro lado hay una necesidad de proteger, porque si lo cuentas lo matan, lo muelen, no sé hay miles de fantasías y los niños no quieren ser responsables del dolor de sus padres. Es difícil entender todo esto. Pero también hay un componente muy fuerte de miedo. El adulto amenaza... la coerción es por la vía del miedo y de la violencia que logra todo.

Hay síntomas en los niños que son abusados. Tú eras una niña que se orinaba en la cama, no comías porque relacionabas...
Así hablé. Siento que los niños hablan así, con el cuerpo. Los pequeños tratan de decir las cosas. Hay niños que no duermen, que no comen, que no quieren ir a la casa de un tío... hay que poner atención a las señales de auxilio.

¿Puedes comer ahora?
Sí, mucho mejor. Aunque tengo todo un tema con los alimentos. Dentro de mis temas pendientes, está la comida. Uno se tiene que rehabilitar y soy consciente de que sigo conviviendo con la autoimagen, con este Pepe Grillo malo que te vuelve ansiosa y que te dice que estás muy gorda y muy fea; pero uno aprende a bajar el volumen... Lo mismo pasa con la sexualidad, he logrado avances tremendos, pero tengo que seguir trabajando.

¿Cómo superaste el miedo a la intimidad?
El tiempo y el esfuerzo personal por ver a todos como seres humanos ayudaron. Puse el énfasis en ver las cosas buenas. Aprendí que había buenas personas, buenas parejas. Ha sido un esfuerzo, pero en la primera etapa no me pasaban balas aunque muriera por dentro.

¿Qué decías?
Algo que sucede siempre con este tema del abuso es que te vienen ciclos de absoluta frigidez, insensibilidad y repulsa, y luego pasas a otros ciclos de promiscuidad porque buscas y buscas hasta llegar a sentir algo o bien hasta lograr destruirte y confirmar tu imagen de segunda clase que te ronda por dentro. El rescate de este tema no pasó por un hombre, pasó por mí misma. Fue muy iluminador encontrar placer conmigo y desde allí aprendí a disfrutar con otro... Todavía me queda harto camino por recorrer, sobre todo por el tema de la memoria corporal. De pronto estás en la intimidad con tu pareja y el cuerpo registra una cierta manera de girar, una cierta manera de moverse o un olor y la concentración se va. Felizmente cada vez es menos.

¿Estudiaste psicología para entender?
Completamente, estudié porque quería tener esos filtros y esa seguridad de que no estaba condenada a ser loca, que era lo que yo pensaba.

¿Pensabas que eras loca?
Pero por supuesto, toda la vida, todos los minutos y hasta dos años atrás. La fantasía era que a veces me podía desarmar, ya había resistido tanto que no reconocía bien el límite. A veces pensaba que podía entrar en un delirio y no volver nunca más. Las consecuencias de la violencia en los niños son terribles. En la primera sesión de terapia recuerdo haber pedido un electroshock para que me quiten un pedazo de memoria.

¿En algún momento de tu vida te enfrentaste a tu padre?
Sí, en el último año de secundaria. Lo fui a buscar, a conversar con él, después de la separación de mi madre él se perdió dos años y a los 17 años fui a buscarlo. Le pregunté por qué. No pudo responder mucho, ya estaba muy deteriorado por el alcohol. Fue ocho meses antes de que se matara. El acto de enfrentarlo fue muy reparador para mí.

¿Lo has perdonado?
Sí, de hecho tuve un sueño hace poco y lo tomé como un mensaje del inconsciente. Soñé que bailaba con él, en un típico baile de graduación que nunca tuve, con una canción de Norah Jones. Estaba bailando con un papá, papá, cero rollo de por medio, cero tensión, con la mirada muy limpia. Fue un sueño corto, pero muy emocionante. Me desperté en la madrugada pensando qué bueno, qué bueno por los dos.

¿Y cómo está la relación con tu madre?
En pausa, después de esa conversación y después del libro está en pausa, no podría esperar otra cosa. Cuando hablé con ella, yo llevaba una montaña de terapia y de libros leídos para entender lo vivido, entiendo que para ella recién comenzaba el proceso. De esto hace dos años y hay mucha verdad por digerir, demasiada.

Te admiro por tus intentos por comprender. Entiendo que de otro modo no querrías ver a nadie.
Siempre digo que en la vida no hay nadie que sea cien por ciento santo o cien por ciento monstruo, nadie. Ni Hitler ni Pinochet ni los pedófilos son absolutamente oscuros, deben tener algo de luz. Pero cuando veo noticias o películas sobre el abuso siento un Chernobyl dentro mío.

¿Tu madre te ha pedido perdón?
No la verdad, no. Pero no espero eso. Lo que sí espero, cuando pase toda esta pausa, es que me diga alguna vez lo siento hija, pucha qué pena, nada más. Solo necesito ese gesto, solo necesito que me abrace, sentirme protegida. Quiero sentir ese "lo siento", por las dos.

Vinka, ¿qué es el perdón?
Una liberación, es soltar, es dejar ir. No es olvidar, no es exonerar, no es amnistía ni amnesia. El perdón siempre te libera y al final es un regalo para uno mismo. Perdonar a otros se me hizo más fácil que perdonarme a mí, pero ahora soy más compasiva conmigo misma.

Eres valiente, ¿lo sabes, no?
Parece. Me dicen eso, pero ya ni lo pienso. Creo que solo soy un burro que transita por el acantilado.

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google