SE NECESITA FOMENTAR UNA NUEVA CULTURA DE PAZ
Por Karen P. Hughes. Ex subsecretaria de Estado paraAsuntos Públicos
He conocido a médicos estadounidenses musulmanes que fueron a Pakistán para ayudar a las víctimas del terremoto, a monjas católicas que colaboraron con familias que perdieron su vivienda por las avalanchas en Centroamérica, a voluntarios de muchas naciones que ayudaron a combatir el sida o la malaria en África o a construir escuelas en Afganistán. Hay personas de buena voluntad en todas las religiones y culturas.
En EE.UU. gente de distintas religiones o que no tiene una confesión particular vive lado a lado y trata de respetar sus respectivos puntos de vista. No somos perfectos y la religión es a veces una fuente de discordia, pero el respeto por las diversas creencias es nuestro objetivo y, como consecuencia del 11 de setiembre, muchos estadounidenses de diferentes religiones intentaron tender puentes para entenderse mejor.
He comprobado que personas de todas las religiones tienen mucho en común. Como cristiana, mis principales mandamientos son amar a Dios y amar al prójimo; mis amigos musulmanes y judíos me dicen que para ellos también. Este otoño, la carta abierta que enviaron 138 intelectuales musulmanes a líderes cristianos expresaba exactamente ese mismo pensamiento. Decía que el amor a Dios y el amor al prójimo, es decir "los dos mandamientos más importantes", son "un elemento en común y un vínculo entre el Corán, la Tora y el Nuevo Testamento".
Si bien existen diferencias teológicas importantes, creo que la mayoría de la gente de distintas religiones y culturas desea cosas similares para sí mismos y sus familias (una educación, atención de la salud, un vecindario seguro, un buen trabajo) y la mayoría quiere marcar una diferencia, quiere dejar el mundo mejor que antes. Estos no son sueños de una nación o pueblo en particular, sino sueños humanos compartidos. A pesar de las diferencias de idioma, cultura o color de la piel, nos unen muchos más elementos que los que nos dividen.
Ha llegado el momento para que la gente de buena voluntad de todas las religiones se una para declarar que suicidarse para matar a otros es un acto injusto y vergonzoso, jamás de honor. Existen muchas quejas legítimas en nuestro mundo, pero ninguna puede justificar el asesinato de inocentes.
EE.UU. quiere ser un socio en el diálogo interreligioso. Trabajamos para resaltar la multitud de voces que se expresan contra la violencia terrorista y a favor de un entendimiento interreligioso más amplio. Fomentamos el diálogo entre las culturas. En un programa nuevo denominado Diálogo Ciudadano, hemos enviado a ciudadanos estadounidenses de religión musulmana a distintos lugares del mundo para que entren en diálogo con los ciudadanos de comunidades musulmanas. Hemos patrocinado programas de verano para jóvenes, que enseñan el respeto por la diversidad. Hemos enviado a músicos para promover la tolerancia y demostrar que las diferencias pueden enriquecer más que dividir.
Todos somos parte de un mundo cada vez más conectado que nos exige a cada uno de nosotros, sin importar nuestra cultura o comunidad religiosa, a trabajar en favor de la paz, la vida y la esperanza. Tal como señala la carta abierta que enviaron los 138 intelectuales musulmanes: "Nuestro futuro común está en juego" y debemos "hacer cada esfuerzo sinceramente para lograr la paz y vivir juntos en armonía".