Rincón del autor
Por Hugo Guerra
No es contradictorio, querido lector, celebrar la firma final del TLC con Estados Unidos, y al mismo tiempo preocuparse por lo que viene.
El tratado era fundamental porque el Perú no puede existir al margen de la globalización. Pero no hemos conseguido una panacea, sino el mayor reto económico, financiero, político y social de por lo menos las tres décadas siguientes.
Ya sabemos que nuestros resultados macroeconómicos son muy buenos en términos reales y por comparación con experiencias estúpidas como las de Venezuela, Bolivia y Ecuador que solo conducen a una progresiva irradiación de la miseria. Sin embargo, el talón de Aquiles del 'modelo peruano' sigue siendo nuestra profunda falta de competitividad no solo productiva y comercial, sino también mental.
Acierta el presidente García en su diagnóstico sobre el perro del hortelano sobre todo cuando no se pueden explotar adecuadamente los enormes recursos naturales por bloqueo de una izquierda anquilosada y los intereses subalternos de muchos politicastros. Acierta también en su receta de fomentar la desburocratización de un Estado que figurativamente podría ahogarse en dinero por su incapacidad para invertir eficientemente en el desarrollo.
Pero aparte del perro hay varios gatos que se roban impunemente la comida del hortelano. En la reciente huelga portuaria, por ejemplo, ¿no fue acaso un dirigente aprista quien alentó una situación dolosa que costó al país 50 millones de dólares diarios? ¿El gran hortelano le puso, por ventura, el cascabel a un gato que funge, increíblemente, como coordinador de la célula parlamentaria oficialista? ¿Así vamos a competir dentro del TLC?
Ciertos empresarios ¿no son también gatos que solo esperan un descuido del hortelano para comerse el jamón? Es muy corta la lista de empresas realmente competitivas. Pocas recién empiezan a hacer su reingeniería y muchas siguen operando con mentalidad especulativa, a la espera de que papá gobierno les dé prebendas so pretexto de reforzar una "industria nacional" cuyo concepto mismo debe revisarse.
Y a muchas cúpulas sindicales, como la cegetepista, habría que ubicarlas en condición de roedores del hortelano. Baste revisar el papelón de su "conferencia paralela" a la última CADE, así como analizar su estrategia de boicot contra todo lo relacionado a la democracia y el libre mercado.
En cuanto a los partidos y sus parlamentarios, ¿serán los espantapájaros del hortelano? Salvo honrosísimas excepciones, aparte de mirarse el ombligo son incapaces de coordinar políticas elementales para que el TLC beneficie a todos los peruanos y no privilegie (como en el caso del agro) solo a la costa, en desmedro de sierra y selva, donde junto a la pobreza se acumula el rencor político y social.
En suma, el TLC, buen lector, es una fiesta a la que ya estamos invitados y a la que no podemos dejar de ir. Ahora aprendamos a bailar y a comportarnos como se debe, para no hacer el peor papelón de nuestras vidas.
Bienvenido el tratado, pero entendamos que el maná no caerá del cielo. Si no nos preparamos, podemos hacer un terrible papelón