LA EVOLUCIÓN FÍSICA Y DEPORTIVA DE LA MEJOR TABLISTA PERUANA DE LA HISTORIA
La niña que a los 14 soñaba con ser campeona mundial buscará desde hoy superar ese sueño y lograr el bicampeonato. A la distancia sabe que todo un país estará pendiente de su esfuerzo. Y con ella estará El Comercio
Por Patrick Espejo M
Cuando ella tenía apenas 14 o 15 años, saltó a la luz con sus rizos amarillos. Ya por entonces deslumbraba con su habilidad manejando una tabla hawaiana que era, evidentemente, el doble de su tamaño. Eran comienzos de los años noventa cuando el nombre de Sofía Mulanovich comenzó a sonar.
Tuve la suerte de verla en algunos de los campeonatos nacionales que se disputaban por entonces, pues seguía con atención lo que pasaba en el surf debido a que mi primo hermano, Carlos Espejo, al que todos llaman simplemente 'Chalo' --que, por cierto, hoy conduce con éxito "Perú Surf", que se emite por Cable Mágico Deportes--, lo practicaba. Él fue dos veces campeón nacional y por allí quedó ese cariño especial, aunque en lo personal nunca haya podido tener la habilidad de pararme en una tabla.
La rubiecita fue creciendo y con ella su hoja de triunfos. Cuando tenía apenas 13 años, rompió los ojos de todos los especialistas al llegar a los cuartos de final del Abierto de Estados Unidos. En 1988, con solo 15, ganó el Panamericano en Brasil y en 1999 fue la primera surfista peruana en ser contratada por la firma Roxy para competir en el WQS.
En su segundo año en la WQS (la Segunda División) acabó segunda y clasificó y desde el 2003 está en la máxima categoría. Ese año acabó séptima, pero ella quería más. Sabía que ella podía.
Al año siguiente nos regaló el título mundial y su éxito fue el principal responsable de que revolucionara el surf en el Perú. Hoy ya no son un puñado de locos que se meten al mar aun bajo el intenso frío del invierno limeño, sino que el número se ha cuadruplicado.
Desde hoy, ella está en Maui, Hawái, buscando su segunda corona mundial. El título está a su alcance y allí estará El Comercio, siguiéndola, apoyándola, llevando el aliento de todo un país que desea, más que otra cosa, una alegría. Hoy Sofía ya no es esa niña risueña, de dientes separados y juguetona. Es una profesional que tiene una chance real de conseguir la corona.
Tendrá que buscar que la australiana Stephanie Gilmore no se le dispare y que la brasileña Silvana Lima no se le acerque. Pero bueno, allí estaremos para ayudarla, aunque sea desde la orilla.
Ojalá que esta semana, aquella niña que soñaba con ser campeona mundial pueda superar su sueño y alcanzar en una isla hawaiana el bicampeonato.