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La lucha del Estado, a través de sus órganos policiales y de inteligencia, contra Sendero y las mafias del narcotráfico se trasladó del Alto Huallaga y el VRAE hasta las calles de Lima en el 2007

Balance de una guerra permanente

Especial ACCIONES Y OMISIONES

Por Óscar Castilla C.

Durante este año, el Estado, a través de su órganos policiales y de inteligencia, ha librado un combate encarnizado contra las ahora famélicas huestes de 'Artemio' en el Alto Huallaga y las bien pertrechadas columnas de 'José' y 'Alipio' en el valle de los ríos Apurímac y Ene (VRAE). Una lucha que con el devenir de los últimos años ha dejado al monstruo de antaño dividido en dos bastiones ideológicamente distantes y enfrentados entre sí. El primero de ellos en franca agonía y el segundo intacto en su organización. En medio de estas dos facciones de Sendero Luminoso (SL), un viejo y pudiente aliado en las cuencas viene cobrando fuerza en el país: el narcotráfico. El asesinato de un magistrado que juzgaba a un cártel mexicano en el 2006 y las ejecuciones de colombianos y mexicanos ocurridas meses atrás en las calles de Lima demuestran que estas mafias ya iniciaron --como pugnaron los terroristas en el pasado-- "el avance del campo a la ciudad".

1 Inteligencia contra SL en el Huallaga, no en el VRAE
En la margen derecha del río Huallaga, las caminatas clandestinas del lugarteniente de 'Artemio', Mario Epifanio Espíritu Acosta 'JL', ya estaban cantadas, tan cantadas como su identidad real, sus requisitorias pendientes, sus rutinarias rondas por el valle del Monzón para cobrar cupos a los narcotraficantes, el tipo y calibre del arma que portaba, así como sus amoríos con una de las combatientes de SL. Por todos estos detalles, las acciones que derivaron en su muerte --también en la de su ex brazo armado Héctor Aponte Sinarahua 'Clay' el 2006, y en las capturas de otros mandos este año-- no fueron producto del azar sino de una persistente, sostenida y paciente labor de inteligencia que empezó hace dos años, que se intensificó el 2007 y que la madrugada del 26 de noviembre permitió que un equipo especial de la Dircote abatiera a 'JL' y acabara con uno de los pelotones más sanguinarios del Alto Huallaga. Si bien aún existen zonas sin presencia del Estado y carcomidas por la pobreza extrema, como El Monzón y Yanajanca y ciudades como Aucayacu, donde la población y sus autoridades conviven con el senderismo desde hace décadas, las acciones de inteligencia en esta cuenca han permitido acorralar a 'Artemio' y a sus contados secuaces como nunca antes había ocurrido. Lamentablemente, estas operaciones no se han repetido en el otro foco de subversión del país: el VRAE. Toda la organización de Sendero, en un lugar que ahora está bajo el control del Ejército, no ha sufrido ningún golpe de importancia en los últimos años. Tanto así que en la inexpugnable zona del Vizcatán, como en lugares deprimidos de Sivia y Llochegua, aún se refugian los mandos que heredaron el poder de Óscar Ramírez 'Feliciano', luego de su captura en 1999.

2 La violencia del narcotráfico va del campo a la ciudad
Eran las 6:10 a.m. del domingo 5 de agosto del 2007 cuando un equipo de casi 20 agentes de la Dirandro ingresó de forma encubierta a la zona de El Molino, en el distrito de Ayabaca (Piura). Habían caminado varias horas cuando llegaron a una construcción de material noble y techos de teja donde debían encontrar una tonelada de cocaína. A lo lejos solo distinguieron un panel solar. Minutos después, al desatarse la balacera, lograron ver a los vigías de la casa. Muy tarde, fueron sorprendidos. Lo que ocurrió luego pudo acabar en una tragedia peor a la que se vivió en noviembre, cuando sicarios del narcotráfico atacaron la comisaría de Ocobamba (Apurímac) y el convoy de la policía en Tayacaja (Huancavelica), zonas de influencia del VRAE. Los informes policiales que hicieron referencia al hecho de El Molino describieron un ataque inusualmente brutal y con armas de guerra por parte de sujetos con entrenamiento militar. Dos efectivos terminaron heridos y cinco desaparecieron en aquella refriega. Uno de los cuales, que logró esconderse entre los matorrales del lugar, dejo un testimonio para tomar en cuenta: "luego de la balacera pude distinguir, por la forma en la que hablaban, a peruanos y otras personas que serían colombianos o ecuatorianos". Lo ocurrido en Ayabaca (convertida en zona de acopio, trasiego de cocaína hacia el Ecuador) demuestra la penetración del narcotráfico internacional en el país, así como la agresividad que dichas mafias han cobrado en los últimos años. Belicosidad que coincide, según fuentes antidrogas consultadas, con el incremento de la producción de droga y de hoja de coca desde el 2000 a la fecha (de 141 a 280 toneladas de cocaína actualmente y de 43 mil a 51 mil hectáreas de hoja de coca, según la ONU). Actos de violencia que en el 2007 se han trasladado con suma virulencia al VRAE, a Piura (en los caseríos de El Molino y Aragoto) y a la capital, en la modalidad de los sicarios, como bien lo reflejan los asesinatos de dos mexicanos en Miraflores y Surco y de un colombiano en el Kentucky Fried Chicken de San Borja.

3 Policía perdió la batalla por la incautación de cocaína
Dos destinos destacan nítidamente en el pequeño, pero acogedor estado de Colima: la mítica ciudad de Comala del escritor Juan Rulfo y el puerto de Manzanillo, el segundo en importancia del pacífico mexicano. Este terminal --visitado por El Comercio en febrero mientras investigaba el paradero de la cocaína peruana en suelo azteca-- registró un hecho sin precedentes en la lucha internacional contra el narcotráfico el pasado 31 de octubre. Aquel día la policía mexicana, que semanas atrás había decomisado 11,7 toneladas en su costa atlántica, intervino un barco procedente de Colombia e incautó de un solo golpe una cifra de escándalo: 23,5 toneladas de cocaína debidamente camufladas entre jabones de tocador. Esa misma fecha, pero en Lima, la Dirandro concluyó que entre enero y octubre del 2007 habían decomisado un poco más de siete toneladas de cocaína en todo el país. Una situación que preocupa de manera extrema ya que representa mucho menos de lo que la policía antidrogas incautó en el 2006 y en el 2005: 14 y 13,4 toneladas de cocaína, respectivamente.

4 Deficiencias en lucha contra el lavado de dinero en el país
Por fin habían encontrado la pista que vinculaba al empresario esparraguero Ment Floor Dijkhuizen Cáceres (entonces preso en Holanda por narcotráfico) con un clan familiar que operaba en el VRAE, cuando se percataron de que ya no tenían acceso al banco de datos de la página web de la Superintendencia Nacional de Registros Públicos (Sunarp) que les servía para rastrear bienes, vehículos de todo tipo y demás en el ámbito nacional. ¿El motivo? Pagaron por un total de búsquedas en Sunarp, pero ya habían agotado su crédito. Así pues, la División de Inteligencia Financiera (Dinfi), encargada de desarticular a las mafias que lavan dinero del narcotráfico en todo el país y que había encarcelado a Óscar Rodríguez Gómez 'Turbo' en el 2006, se había quedado increíblemente sin una de sus herramientas básicas para luchar contra este delito. Si bien la investigación en dicho caso concluyó de forma positiva, con detenciones e incautaciones en diferentes partes del país, la labor de los organismos que combaten el blanqueo de capitales es muy difícil debido a la clamorosa falta de recursos, la complejidad de las organizaciones y el tiempo que pueden demorarse en descubrir las modalidades, cada vez más modernas, que se utilizan para encubrir el dinero ilícito. Allí también está el ejemplo de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF), que nació entre bombos y platillos en el 2002 como una entidad con autonomía funcional, técnica y administrativa y que desde junio del 2007 --por decisión del mismo Gobierno-- se ha convertido en un órgano de línea más en el organigrama de la Superintendencia de Banca y Seguros (SBS), que a su vez depende del Ministerio de Economía. Esta es la situación de los dos organismos centrales --la Dinfi de la Policía Antidrogas y la UIF--encargados de presentar todas las pruebas necesarias en las fiscalías especializadas en la materia. Fiscalías que han tenido más trabajo con el Caso Z (Fernando Zevallos) que con cualquier otro. Irónicamente, aquella investigación, la mayor de los últimos años contra este delito, y que además contribuyó con traerse abajo el imperio montado por el 'Lunarejo', estuvo en manos del Equipo Especial de Inteligencia de la Dirandro y no, como algunos esperaban, de las entidades inicialmente citadas.

5 Ofensiva contra insumos químicos recién empieza
Ayacucho, Huanta. Durante la segunda semana de setiembre, en uno de los sinuosos caminos de trocha que conducen al distrito de Llochegua (en el corazón del VRAE) tuvo lugar una escena surrealista. Una caravana de 45 mulas, custodiada por seis hombres, llevaba enormes galoneras de kerosene y ácido sulfúrico, ácido muriático, amoníaco y carbonato de sodio. Aquel día la Policía Antidrogas incautó toda la carga: casi dos toneladas de insumos químicos fiscalizados (IQF) que sirven para convertir a la tradicional hoja de coca en cocaína de alta pureza. Un golpe que ha continuado en el 2007 contra mafias que ocultan sus insumos en cilindros enterrados en las orillas del río Huallaga, que las trasladan en camiones a los valles cocaleros, así como en las mochilas de jóvenes ayacuchanos que no llegaban a su destino o sobre el lomo de las trajinadoras mulas del VRAE. Con todas estas operaciones, las mafias han perdido más de 600 toneladas de IQF en lo que va del año, según el Ministerio del Interior. Todo un récord en el trabajo de la Dirandro, aun cuando signifique solo un 6% del total de insumos usados por los narcos. Esto debido a que entre el 2001 y el 2006 apenas se incautaron entre 86 y 585 toneladas de estos productos ilícitos. Un alto oficial de la Quinta Región Militar le dijo a este Diario que el Ejecutivo se ha percatado dónde debe atacar: "si no hay insumos no hay cocaína, aun cuando se despunte la producción de coca".

6 Erradicación de coca se cumplió a sangre y fuego
La adiposidad abdominal la ganó sentado frente a su computadora analizando documentos o indagando el patrimonio ilegalmente adquirido de sus objetivos. Sin embargo, de la noche a la mañana toda su rutina cambió cuando su comando lo envío a la base antidrogas de Santa Lucía, en el Huallaga. Entonces dejó su escritorio en la Dinfi y se trasladó inmediatamente hasta la convulsionada selva de Yanajanca para realizar tareas de erradicación de hoja de coca con el proyecto Corah. Allí, sufriendo con los mosquitos y el sol inclemente, tuvo que enfrentar, junto a sus colegas de diferentes unidades de la Dirandro, el hostigamiento de los francotiradores de Sendero Luminoso y las minas artesanales que estos enterraban bajo las plantaciones. Todos estos sacrificios, dos muertos y casi 20 heridos de gravedad, permitieron que el Poder Ejecutivo rebasara la meta anual de 10.000 hectáreas de coca erradicadas. Sin embargo, la cara del éxito que no se mostró fue la de los efectivos que participaron en la erradicación. Este Diario conversó con diversos suboficiales recién egresados de la Escuela de la PNP que se encuentran destacados en Santa Lucía y con otros oficiales apenas llegados de Lima. Todos ellos se mostraron indignados y preocupados por el riesgo de ingresar a una zona totalmente controlada por Sendero sin la preparación física adecuada y por verse expuestos a la presión de los 'coreanos' (como le llaman al personal del Corah) que buscaban erradicar la mayor cantidad de cocales en el menor tiempo posible.

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