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Rincón del autor

Apuntes de un juicio

La gran interrogante es: qué estará pensando el acusado cuando se mencionan los casos y ve a sus ex colaboradores. ¿Tendrá arrepentimiento, recordará el momento?

Por Mariella Balbi

Casi todos los canales estuvieron conectados desde la mañana con la sede de la Diroes:se inició el proceso contra el ex presidente Alberto Fujimori por violación de los derechos humanos. Equivocadamente el canal estatal no transmite en directo el inicio de un evento tan importante para la justicia y la política peruana cuyo mensaje sería: nadie escapa de la justicia ni puede violar la ley. Canal 7 tiene en vivo la inauguración de un tramo de la Interoceánica en Cusco con declaraciones del presidente García, quien afirma más de ocho veces que el "Perú avanza" y fustiga, una vez más, a los 'recontramaleteados' burócratas. La televisora es de todos los peruanos, no está al servicio del mandatario. Se trata de un juicio esperado, ejemplificador, único en nuestra historia.

El siempre sobrio Canal N, previa información general, deja correr la cámara cuando el proceso arranca para que el televidente vea y no se guíe por las palabras del reportero; otros canales van más a lo novelero, insisten en mencionar quiénes están, dificultando escuchar a las partes. Veinte minutos después Canal 7 se conecta solo un rato. Canal 4 se desconecta para engancharse con una telenovela ya vendida. Ni modo. Un actor acartonado, con bigotito a lo Javier Solís se lanza con un diálogo hecho a la medida del 'fujiproceso': "¡Bueno, señor prefecto, cuánto quiere por la libertad de Nidia Estela!". Cosas de la tele.

El presidente del tribunal supremo luce confiable e imparcial, advierte de saque que es un juicio penal y no mediático. Así debe ser, sin olvidar que es imposible, ilógico e irreal que se haya asesinado a tanta gente sin que el ex presidente lo supiera. Fujimori se ve tenso, arrogante pero impotente, sin todo el poder que manejó, incluso cuando estuvo prófugo, y ciertamente temeroso; se juega la libertad. Frunce los labios y toma apuntes. La discusión sobre si el procesado debe tener una laptop para que no se viole su derecho a la defensa es pertinente. El fiscal dice nones, arguyendo que sin la informática sus respuestas serán más espontáneas. Presumimos que el tribunal le permitirá tener una laptop, si esta no se comunica con el exterior.

Nuestra justicia es aún barroca. Los testigos son 43 y se les cita al inicio del proceso. No entran en la sala, ingresan en grupo, pero no tienen DNI, lo dejaron en la entrada: un verdadero ¡plof! La defensa de los perjudicados presenta un nuevo testigo, quien afirma que Fujimori dio la orden para detener a gente luego del golpe. Será interesante ver cuántas cosas nuevas surgirán. Fujimori habla con una agresividad inesperada, molestan sus gritos y los aplausos que los festejan. Las juezas son más firmes frente a los inaceptables arrebatos de los encausados; el presidente de la sala no le llama la atención. La gran interrogante es: qué estará pensando el acusado cuando se mencionan los casos y ve a sus ex colaboradores. ¿Tendrá arrepentimiento, recordará el momento? Pero eso solo Fujimori puede saberlo; la tele no da para tanto.

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