LAS CLAVES DEL CRECIMIENTO CON EQUIDAD
Por Jorge Ruiz de Somocurcio Hidalgo. Arquitecto
La aprobación del TLC con Estados Unidos abre un nuevo capítulo en el camino del desarrollo nacional. Plagado de amenazas pero también de oportunidades, plantea el reto de que no sea el sacrosanto mercado el que elija a perdedores y ganadores sino más bien que el Estado oriente la democratización de sus beneficios.
El ATPDEA ya ha tenido un impacto significativo en ciudades como Ica, Trujillo, Piura y Chiclayo dándole un impulso a los patrones de expansión urbana, con nuevos stocks habitacionales, oferta de servicios comerciales, recreativos y turísticos, inexistentes anteriormente, e incremento del empleo. Pero otras no han corrido esa suerte.
Ahora se empieza a hablar del modelo peruano cuando nuestro país asciende al sexto puesto en competitividad en América Latina el 2007 y el ingreso per cápita ha pasado de US$2.000 el año 2002 a US$3.200 el 2007, propiciando un indudable cambio en los hábitos de consumo y de acumulación que el TLC podría acrecentar. Todo lo cual configura un escenario que con seguridad modificará la matriz de crecimiento de nuestras ciudades y del campo, incrementando significativamente sus condiciones de consumo y de inversión y acelerando la urbanización. Por eso tiene que hacerse una acupuntura que aminore los impactos negativos del TLC y haga más competitiva y redistributiva la economía nacional.
El TLC, cual hidra de varias cabezas, generará utilidades en algunos sectores pero marginará a otros. Nuestras ciudades como ámbito privilegiado de esta expansión deberán prepararse para anticipar y orientar ese proceso a través de planes estratégicos que tienen que atender las demandas del llamado TLC hacia adentro. Es la ocasión obligada para que recursos como el canon, las regalías y los ingresos excepcionales por concesiones, licencias y servicios se inviertan de acuerdo con esos planes. La época de bonanza y crecimiento económico tiene que sentar las bases del crecimiento con equidad los próximos años. ¿Cómo?
En primer lugar, redistribuir los beneficios a través de la inversión en infraestructura urbana y rural, articulando y fortaleciendo los sistemas de ciudades creando una conectividad real y virtual que asegure el acceso a todos los servicios y a las oportunidades.
En segundo lugar, provisión de agua y alcantarillado y políticas de vivienda regionales que eleven el promedio de calidad de vida con una expansión ordenada de la ciudad. Es una ocasión en la que las municipalidades y regiones podrían ser sujetos de crédito internacional. Lo que implica saber hacer proyectos y atraer inversión privada en un marco de sostenibilidad ambiental y buen gobierno. Solo el déficit en infraestructura en el país asciende a casi US$ 25 mil millones, cifra inalcanzable sin el concurso privado.
El gran desafío para la mayoría de regiones que deberían crear también sus propias comisiones de competitividad y para las municipalidades es entonces contribuir a democratizar el TLC. Al Gobierno Central le corresponde liderar la descentralización, implementar un nuevo modelo educativo y abatir la corrupción. Solo así este TLC y los que vengan podrán reducir la brecha social existente.