Rincón del autor
El tema de fondo es que rompieron la regla, traicionaron al entrenador y lo hicieron a través de trampas, por el garaje, conscientes de que estaban en falta
Por Abelardo Sánchez León
Esta idea me perturba: la sociedad delega en un grupo de personas el derecho a castigar. Me perturba a mí, que en los tiempos escolares fui constantemente castigado por personas en las que había recaído esa potestad. Pero claro, las reglas eran precisas y no tenían excepción. Tampoco había floro, amenazando que se cumplirían los castigos --caiga quien caiga-- para luego oxidarse en el olvido. No es que me anime un espíritu represivo, pero entre nosotros no nos gusta castigar.
Lunes 10 de diciembre: la semana empieza con dos noticias que podrían cambiar nuestro destino si en verdad tuviéramos la convicción de ejercer castigos justos. Uno se refiere al proceso a Alberto Fujimori y el otro al caso de los futbolistas involucrados en la juerga del hotel Golf Los Incas. Es una gran oportunidad de demostrarnos que las leyes existen, que las reglas se cumplen y que los que resulten responsables serán castigados. Ahora hay más presión que antes, más transparencia, más fiscalización, aunque persista en nuestro ánimo la suspicacia, la sospecha, y pensemos que entre los peruanos nunca pasará nada en serio.
El tema de fondo es el de la regla incumplida. Si después del empate ante Brasil se hubieran reunido los jugadores, incluyendo al entrenador, a beber unas cervezas en el bar del hotel, hasta las diez de la noche, digamos, no hubiera pasado nada grave. Pero si traicionan el acuerdo e introducen a escondidas mujeres y licor a las habitaciones del hotel, mejor se hubieran ido a sus casas --nos ahorrábamos un montón de plata, además-- y hacían lo mismo, pero en su propia cama y no en un colchón cinco estrellas. El tema de fondo es que rompieron la regla, no siguieron el acuerdo, traicionaron al entrenador, y lo hicieron a través de trampas, por el garaje, conscientes de que estaban en falta.
El drama de toda esta situación radica en que los encargados de castigar no tienen la legitimidad suficiente para hacerlo. ¿Qué sucede en un país cuando las personas que deben ejercer el derecho a castigar no representan a una autoridad legitimada? Es un drama. ¿Cómo pueden castigar Burga, Mallqui, Velásquez o Juvenal Silva? ¿Cómo puede Chemo castigar si mantiene la política de los tres monitos chinos: no oír, no ver, no hablar? Chemo habría sido traicionado si en verdad no hubiera permitido síntomas de relajo, pero todo nos da a entender que quien manda en la selección no es precisamente él. Al menos, felizmente, en la Diroes le ha desaparecido a Fujimori su sonrisa cachosa, y de treinta años no debe bajar. ¡Qué importa lo que suceda con estos futbolistas que vienen a Lima de pachanga, a pasarla como turistas en hoteles cinco estrellas que pagan, por supuesto, con nuestros impuestos!