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¿Aprobación de leyes a cambio de ministros?

Por: Juan Paredes Castro |

Los relevos ministeriales no tienen que ser siempre una novedad ni una rutina. Deben más bien formar parte de la normalidad democrática.

Lo malo sería que fuesen producto del toma y daca político, como parece desear o negociar la bancada aprista a cambio de la aprobación de leyes del Gobierno.

Parte de la tensión de los últimos días entre el Congreso y el Gobierno tuvo que ver con la dificultad del segundo para someter con éxito al primero su paquete legislativo, que de un lado debía comprender la nueva Ley Orgánica del Poder Ejecutivo y, de otro, la adecuación normativa de la legislación peruana al TLC. Extrañamente, no era el Partido Nacionalista ni Unidad Nacional el palo atravesado en la puerta. Era nada menos que la bancada aprista dispuesta a retar al presidente García a atender su pedido de puestos en el aparato estatal si es que quiere votos oficialistas en el Congreso.

Tal fue la presión de su propio grupo partidario que García se vio obligado a casi aventurar una cuestión de confianza, que hubiera significado la renuncia de Del Castillo al gabinete. Atenuada esta presión, queda a flote la siguiente pregunta: ¿Cuál ha sido la condición para que la bancada aprista no solo asegurara quórum sino votación mayoritaria y calificada para los paquetes legislativos del Gobierno?

Si parte de estas condiciones tiene que ver con cambios ministeriales y otros según las propuestas apristas, García estaría metiendo mucho más adentro del Gobierno al perro del hortelano que había empezado a sacar. Otra cosa es que él decida junto con Del Castillo qué cambios se hacen, y cuándo, en esta o aquella cartera. No necesariamente bajo el libreto de Alfonso Ugarte.

Sería en verdad muy triste que el camino del Gobierno al Legislativo estuviera ahora empedrado por el pliego de reclamos de la bancada aprista.

Esto tiene que quedar perfectamente claro para el Gobierno, para el Apra y para la opinión pública, pues no podemos hablar de estabilidad política y económica y de captación de inversiones en medio de indecentes repartijas políticas ya no al interior del Congreso sino en la relación de este con el Gobierno, que sin duda se ha vuelto áspera.

Lo más mezquino que parece traducir parte de la bancada aprista es que a través de la nueva Ley Orgánica del Poder Ejecutivo, el primer ministro (hoy Jorge del Castillo y mañana cualquier otro) adquiere mayores prerrogativas.

¿Pero acaso no es deseable que así sea frente a un presidencialismo excesivamente concentrado?

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