Análisis
Por Luis Jaime Cisneros Hamann. Periodista
El secuestro de la ex candidata presidencial colombiana Ingrid Betancourt se volvió a partir de la primera quincena de diciembre del 2007 en uno de los principales temas de la agenda latinoamericana, en momentos que las gestiones para lograr establecer las condiciones para su liberación se encuentran estancadas y se teme por su vida.
Betancourt se encuentra en poder de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) desde el 23 de febrero del 2002 en un lugar de la Amazonía de su país. La dirigente es una de los 45 rehenes que las guerrillas marxistas pretenden canjear por 500 guerrilleros presos, en lo que se ha convertido en uno de los episodios más escandalosos de la historia política colombiana y regional. Fue secuestrada tres meses antes de las presidenciales del 2002, que ganó Álvaro Uribe, y donde postuló como candidata de Oxígeno, el partido ecologista, y obtuvo menos de 1% de los votos.
El pretendido intercambio es una verdadera pulseada entre el gobierno conservador de Álvaro Uribe y las FARC, cuyo líder Manuel Marulanda incorporó la toma de rehenes a su ideario como perturbadora praxis en su búsqueda por una sociedad más justa. Con estos métodos, el popular 'Tirofijo', de 75 años, dirige desde hace cuatro décadas en la selva de San Vicente del Caguán a la guerrilla más antigua del continente.
El más reciente intento por lograr un acuerdo lo protagonizó el presidente venezolano, Hugo Chávez, cuya mediación entre las FARC y Bogotá acabó abruptamente luego de que el 22 de noviembre último, el presidente Uribe lo despidiera por no respetar las pautas acordadas, tras contactar a un alto jefe militar colombiano sin el visto bueno del mandatario.
La paradoja es que la intervención de Chávez para tratar con los delegados de las FARC generó confianza y aportó una prueba concreta de vida de Betancourt y de los otros rehenes, entre los que se hallan tres estadounidenses. Ha sido precisamente esa prueba de vida, una conmovedora carta y las imágenes de un video donde se aprecia a la más célebre rehén de la guerrilla colombiana en deplorable estado de salud, la que ha servido como catalizador para iniciar una ofensiva diplomática internacional a su favor.
Para seguir con las paradojas, ha sido el Gobierno Francés del neoconservador Nicolas Sarkozy el que ha tomado la iniciativa de poner en marcha una estrategia interregional que busca involucrar a la mayoría de gobiernos sudamericanos en el caso para crear una corriente de presión internacional. ¿Y a qué viene el interés de París? A que Ingrid Betancourt, quien cumplirá este 25 de diciembre 46 años, tiene también nacionalidad francesa debido a su matrimonio con un ex diplomático francés, con quien estuvo casada de 1984 a 1990 y con el que tiene dos hijos.
El lugar elegido: Buenos Aires. ¿La ocasión? La inédita e insólita transmisión de mando de la pareja presidencial Kirchner (de Néstor a Cristina), el pasado 10 de diciembre. Hasta ahí se desplazó el primer ministro francés, Francois Fillon, para convencer a los mandatarios asistentes de sumarse a la causa humanitaria para lograr la liberación de la ex candidata.
Francia busca crear consenso en la región para 'técnicamente' actuar como tenaza sobre las FARC, aunque no queda claro cómo pudiera ocurrir esto debido a que ningún gobierno tiene vínculos con la guerrilla, a excepción de Caracas. El problema de esta maniobra es que la cobertura mediática del problema y las reacciones de los familiares dan la impresión de que la piedra en el camino para llegar a un acuerdo es la presunta indiferencia de Uribe, quien tiene fama de duro. Pero la presión podría estar encaminada a que las FARC acepten la última propuesta de Uribe, entregada este mes por la Iglesia Católica: crear una "zona de encuentro" desarmada de 150 kilómetros cuadrados donde el canje de prisioneros se realice ante observadores internacionales.
Fillon se entrevistó con la presidenta chilena, Michelle Bachelet, el boliviano Evo Morales, el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, el venezolano Hugo Chávez, Uribe y la flamante mandataria argentina, Cristina Fernández. A todos pidió comprometerse en busca de la liberación de Betancourt, sumándose a la demanda pública hecha por Sarkozy el 6 de diciembre, bajo el impacto del video que la mostró a punto de arrojar la toalla, solicitando a las FARC que dejen ir a su preciada rehén por las fiestas de Navidad.
El Perú respaldó también las gestiones en una carta del presidente García a Sarkozy, difundida antes del viaje a Buenos Aires del primer ministro francés, lo que da pie a imaginar que Lima fue prevenida con anticipación. En julio del 2003, Betancourt estuvo a punto de ser liberada en el triángulo amazónico de Leticia. Pese a que el canciller peruano ha negado a quien suscribe que Lima esté jugando un papel mayor, el jefe de la cancillería francesa para América Latina, Daniel Parfait, visitó el Perú hace unas semanas por segunda vez en 24 meses. La primera fue a Iquitos en noviembre del 2005. Parfait es pieza clave en el caso de Betancourt: embajador de Francia en Colombia del 2000 al 2004, es pareja de Astrid Betancourt, hermana mayor de Ingrid, y es uno de los cerebros de haber convencido al Gobierno Francés de involucrarse en el caso, según afirma el periodista francés Jacques Tomet en un polémico libro cuyo elocuente título solo alimenta intrigas: "Ingrid Betancourt, ¿historias del corazón o razón de Estado?". ¿Una saga con final peruano?