Rincón del autor
Por Hugo Guerra
Es realmente penoso, navideño lector, que a estas alturas del año no ceda un ápice la controversia política volviendo a poner al Congreso en el epicentro del problema.
La firma del TLC con EE.UU. pone al Perú en una etapa crucial para potenciar nuestro desarrollo. Baste redundar en el ejemplo de Chile, cuyo respectivo acuerdo levantó en un par de años en 60% sus exportaciones a Estados Unidos.
Para lograr resultados equivalentes el Estado peruano tiene que avanzar a paso de polca en la adecuación de su marco regulatorio y normativo, de modo que el intercambio bilateral repotenciado sustituya sin baches al actual ATPDEA y beneficie a todo el país, sin privilegiar únicamente a los exportadores costeños.
Es hora, pues, de adecuar al Perú para la gran competencia internacional haciendo una especie de 'aggiornamento' estatal y un TLC interno.
Frente a esto el Ejecutivo, para grata sorpresa general, está reaccionando con eficiencia y rapidez. Consecuente con sus propuestas sobre el perro del hortelano, el presidente García ya está proponiendo medidas concretas para avanzar en la desburocratización; y con angustia llegó a decir que si el Congreso no le concede facultades legislativas extraordinarias para dictar unas 40 normas indispensables para viabilizar el TLC, el Gabinete Ministerial podría renunciar.
Más allá del exabrupto oratorio es cierto que con su composición actual el Parlamento no está en capacidad de legislar con calidad técnica sobre una cuestión tan especializada. Por eso, y porque la experiencia nacional ya padeció mil y una experiencias legislativas con resultados Frankenstein, la Constitución prevé la delegación de facultades extraordinarias con control ulterior. ¿Por lo demás, qué autoridad moral pueden exhibir aquellos que hoy desperdician el tiempo y el presupuesto nacional interpelando intensamente a los ministros sin poder, siquiera, aprobar la Ley Orgánica del Ejecutivo?
El Congreso --pese a los notables esfuerzos conciliatorios tanto de Cabanillas como hoy de Gonzales Posada-- sigue siendo, aunque apene decirlo, un universo de otorongos desconcertados. Cierto es que no se puede generalizar porque en todas las bancadas y al margen de diferencias ideológicas, sí hay un puñado de congresistas notables. De 120 con suerte unos 40 tienen calidad demostrada, pero el resto...
Entonces, la preocupación mediática de que estos representantes se vayan dos meses y medio de vacaciones hay que entenderla bien. La objeción no es jurídica, porque constitucionalmente el Congreso en teoría nunca deja de funcionar a través de su comisión permanente. Pero éticamente es terrible la subsistencia una estructura anacrónica (pues poco ha cambiado desde 1821) que además de ineficiencia padece también de precaria respetabilidad.
Claro, risueño lector, que tal vez usted sea partidario de ese comentario medio cínico pero risueño según el cual "mejor y más barato sería que la mayor parte de congresistas trabaje 60 días y descanse diez meses para que el Perú avance...".
El problema no es jurídico, sino ético. La estructura del Congreso es anacrónica para un país que necesita ir a paso de polca