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Especial ILAVE DE ANIVERSARIO

Ilave intenta exorcizar su tragedia

Luego del cruel asesinato del alcalde Cirilo Robles, la autodenominada capital de la nación aimara asiste al desarrollo de un modelo de participación sui géneris

Por Nelly Luna Amancio. Enviada especial

Una suerte de entusiasmo encriptado se dibuja en el rostro de Fiorella Chambilla, la reina de Ilave elegida durante las celebraciones de aniversario de la provincia de El Collao. "Lo más bonito que tiene Ilave es su gente, ya debemos olvidar lo que pasó hace unos años, la población de aquí es hospitalaria, los que hicieron 'eso' fueron solo unos cuantos, la mayoría no estuvo de acuerdo", repite ella acomodando su corona cada vez que alguien le pregunta si ya olvidaron el asesinato del alcalde Cirilo Robles, aquel 26 de abril del 2004, cuando sus verdugos decidieron su destino frente a una población que observaba en silencio.

EL ANTES Y EL DESPUÉS
El desasosiego abandonó las calles sin asfaltar de Ilave. Al menos eso es lo que aparenta estos días de fiesta por el aniversario número 16 de la provincia del Collao. 'La capital de la gran nación aimara'--como se hace llamar-- intenta exorcizar sus recuerdos de violencia. "Estamos tratando de empezar de nuevo, de gobernar con las comunidades, anteriores autoridades no lo hicieron porque a veces las leyes están al margen de las costumbres del pueblo aimara", dice el actual alcalde Fortunato Calli Incacutipa, elegido por el Partido Nacionalista.

Suelen decir en Ilave que ya nadie quiere hablar del asesinato de Robles, pero el tema es inevitable. Como si cada uno de sus habitantes tuviera la necesidad de contar su verdad. El alcalde sugiere que aquel no entendía a las comunidades y que por eso pasó lo que pasó: "Gobernar aquí no es fácil. Siempre hay presión social. La gente todavía tiene presentes los hechos del 2004 y les exige mucho a sus autoridades".

La masacre de Robles marca un antes y después en las administraciones de los gobiernos locales en Puno. La desconfianza de la población hacia las autoridades ha hecho que las decisiones de la asamblea popular estén por encima de las del alcalde. Este año, por ejemplo, se decidió que los puestos de trabajo en la municipalidad se turnen entre los campesinos. Ahora, cada seis meses los puestos de serenos, trabajadores de limpieza y otros cargos no calificados son rotativos.

Además, este año, el cargo de gobernador también se definió en asamblea cuando se supone que este es nombrado por el Gobierno Central. "No lo aceptaron porque no era aimara, sino hijo de arequipeños asentados en la zona", comentó un vocero oficial. Lo mismo ocurre con los gobernadores, que rotarán cada medio año. El actual alcalde reconoce que todo ha cambiado. Ahora él se acerca una vez al mes a cada una de las cuatro zonas de la provincia para rendir cuentas y distribuir los recursos. Ilave asiste al desarrollo de un modelo de Estado con una participación sui géneris de la población.

"El pueblo nos ha elegido y nosotros estamos prestos a escucharlos cuando no están de acuerdo con nuestro gobierno", insiste Fortunato Calli Incacutipa, explicando que solo así distribuyen homogéneamente los ocho millones de soles destinados a obras de inversión, como la tan esperada carretera Ilave-Mazocruz. "Las anteriores autoridades no escucharon ese pedido", sentencia.

LA TRAGEDIA
En esa esquina de la Plaza de Armas de Ilave desde donde por estos días las autoridades observan el desfile escolar, Cirilo Robles rogó por última vez que no lo mataran. Ese día, en este mismo lugar, don Celestino Pinilla vendía los helados que aplacaban la sed de los huelguistas que pedían la renuncia del alcalde. Era más de la una de la tarde cuando escuchó que una muchedumbre azuzaba los ánimos para sacar a Robles de su casa a la fuerza.

"No eran todos, solo un grupo, pero nadie decía nada. Lo trajeron hasta la plaza arrastrándolo de los pies, su cabeza estaba llena de sangre, casi no tenía cabello", cuenta don Celestino perdiendo la mirada en cada una de las esquinas donde los verdugos de Cirilo lo golpearon cobardemente.

Ilave está a solo 40 minutos de Puno. El asesinato del alcalde fue el capítulo final de los 25 días de huelga que llevaba la población solicitando la renuncia del alcalde. La población lo acusaba de malversación de fondos y exigía su renuncia. El prefecto intentaba explicar que eso solo lo podía hacer el Jurado Nacional de Elecciones, pero la población no lo entendía. Durante todo ese tiempo la carretera Puno- Desaguadero estuvo bloqueada. La plaza de armas era entonces un basural, eso recuerda don Celestino.

Aquella vez, el Estado no pudo atender satisfactoriamente la demanda de una población que exigía transparencia en la gestión. La Defensoría del Pueblo de Puno trató de convencer hasta el último momento a Robles sobre la necesidad de concertar y atender algunos pedidos, pero este se negó aludiendo que "perdería autoridad". La población terminó negando el orden democrático y desencadenando una tragedia que se pudo evitar. Y es que, precisamente, los conflictos sociales estallan con mayor intensidad donde el Estado está ausente.

Circunstancias similares se repiten ahora en distritos como San Juan del Oro, en la provincia de Sandia, donde el miércoles una turba secuestró al alcalde. "Si no atienden nuestros pedidos, acá habrá otro alcalde", repetía la población.

Y la sordera del Estado continúa. En Ilave, los pobladores exigen a la Contraloría los resultados de la investigación sobre la supuesta malversación de fondos a la gestión de Robles, pero ellos "han enviado el informe solo por escrito, no vienen", sostiene Calli Incacutipa.

-- Pero la Contraloría no encontró nada. Cirilo Robles era inocente de los cargos que le imputaban, le decimos al alcalde.

--No puedo opinar, responde.

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