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TIRO AL BLANCO

Venta de armas pone en jaque a la seguridad interna de Estados Unidos

En el 2007 han muerto unas 30.000 personas por impacto de bala

Por Juan Carlos Chávez. Corresponsal

MIAMI. La tenencia de armas en Estados Unidos y el libre mercado de estos artefactos han aumentado drásticamente las tasas de crímenes violentos en toda la nación a tal extremo que durante el 2007 por lo menos 30.000 personas perdieron la vida por heridas de bala.

El índice de hechos mortales ocurridos como resultado del uso de un arma de fuego es uno de los más altos registrados en la última década, de acuerdo con estudios de organismos independientes especializados en seguridad urbana, los cuales reclaman la imposición de legislaciones y normas que pongan freno al mercado de armamento, en el que, por ejemplo, un rifle de asalto puede ser vendido a menos de 300 dólares.

Las matanzas ocurridas en semanas recientes han puesto en la agenda pública el debate sobre la posesión de armamento y hasta qué punto debería continuar amparando la Segunda Enmienda de la Constitución la tenencia de armas entre civiles con el argumento de la protección y la defensa personal.

Activistas comunitarios, defensores de los derechos humanos y medios de prensa, como el influyente "New York Times", están insistiendo en la necesidad de que el Gobierno y los políticos de Washington tomen medidas urgentes y asuman una responsabilidad que, para muchos, ya se escapó de las manos debido a que en Estados Unidos se calcula que hay noventa armas por cada cien habitantes.

Los tiroteos y asesinatos en lugares públicos han caldeado los ánimos, incluso entre los sectores más conservadores de la opinión pública.

En Las Vegas, por lo menos seis estudiantes fueron heridos de gravedad durante una trifulca que terminó a punta de balazos; en el estado de Colorado, un hombre fuertemente armado causó la muerte de cuatro personas en dos ataques separados; mientras que la semana pasada un joven de no más de 19 años acribilló a ocho personas en un centro comercial de la ciudad de Omaha, en Nebraska, con una versión muy similar a la AK-47.

A comienzos de abril, el estudiante de la universidad Virginia Tech Seung Hui-Cho asesinó a 32 de sus compañeros de estudios disparándoles a sangre fría en un hecho sin precedentes en la historia de esa región del país. Luego, el atacante acabaría con su vida suicidándose con un disparo en la cabeza.

Las noticias e informaciones teñidas de sangre que se transmiten diariamente en los noticieros han agudizado los sentimientos de inseguridad y la falta de garantías entre los estadounidenses de todos los sectores socioeconómicos, lo que conduce a la gente a considerar la posibilidad de adquirir un arma para tenerla consigo en caso de que el peligro sea inminente.

Sin embargo, la línea entre lo que uno considera un riesgo y una amenaza real es tan delgada que resulta invisible.

En el sur de Florida, por ejemplo, un hombre disparó en medio de la noche contra un sujeto que vio correr en el jardín de su propiedad. La víctima, un menor de edad, había tocado el timbre de la casa a modo de broma en el día de Halloween. El hombre que apretó el gatillo y terminó con la vida del muchacho quedó libre porque, según la ley, estaba en su derecho.

El Centro para la Prevención de la Violencia con Armas de Fuego, con sede en Washington, ha registrado que por lo menos en 25 millones de hogares existe un arma y que el 50% de los dueños la mantiene cargada.

Una industria millonaria
El tema de portar armas y el derecho a comprarlas no dejará de ser controvertido en Estados Unidos. Sobre todo cuando el negocio mueve descomunales cantidades de dinero: exporta más de 142.000 millones de dólares al año.

En algunos estados, comprar un arma es un proceso relativamente sencillo. El Gobierno de turno de alguna forma ayudó a que ello fuera posible. Este año, por ejemplo, el Congreso y el presidente George W. Bush debieron prorrogar un marco legal que restringía tímidamente la tenencia de fusiles de asalto, pero finalmente decidieron no intervenir.

El resultado ha sido efervescente: por un lado, grupos como Amnistía Internacional y Human Rights Watch, entre otras entidades que abogan por la defensa de los derechos humanos, aseguran que los estadounidenses tienen diez de las ciudades más peligrosas y violentas del mundo.

Asimismo, existen más de 300.000 armerías en territorio estadounidense.

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