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PERÚ DE FIESTA. MILES DE DEVOTOS HONRARON A LA MADRE DE DIOS EN EL VALLE DEL COLCA

Altares, arcos y bailes para la querida Virgen de la Inmaculada Concepción

Por Carlos Zanabria

Los altares y los arcos instalados como ofrendas en la Plaza de Armas de la ciudad de Chivay anunciaron, el pasado fin de semana en Arequipa, el inicio de las festividades en honor de la Virgen de la Inmaculada Concepción.

Los altares estaban decorados con banderas peruanas y los arcos llevaban pequeños objetos que simbolizan las peticiones de sus miles de fieles. Las mujeres, dispuestas a dar lo mejor de sí en sus bailes y ataviadas con sus mejores trajes de gala, completaban la estampa. El valle del Colca empezaba a rendirse a los pies de la madre de todos.

El viernes 7, Chivay ya bailaba al ritmo de wititi. Un parlante instalado sobre el techo del local municipal dejaba escuchar las melodías de esta danza tradicional. La música recibía cariñosamente a los turistas y a los hijos del Colca que migraron y que por estas fechas regresaron al terruño. Aunque el baile, la música y la comida fueron elementos trascendentales de la fiesta, los altares y los arcos se alzaron como los protagonistas. Y es que en estas fechas son piezas fundamentales de la tradición.

Los primeros, de aproximadamente cuatro metros de alto y ubicados en tres de las esquinas de la plaza principal, no solo portan banderas que miran hacia el cielo en señal de progreso. De ellos se desprenden también telares que tienen pegados corazones elaborados con frutas de la zona, así como bandejas plateadas y pequeñas monedas cuyo brillo embellece aun más las estructuras. A los devotos que levantan estas ofrendas se los conoce localmente como los altareros.

Los arcos son construcciones hechas de maderos que sirven para dar la bienvenida a los familiares de los altareros. En la parte superior se cuelgan imágenes religiosas, así como pequeños objetos que representan las peticiones de los devotos. De esta manera pueden encontrarse automóviles de juguete (colocados allí por aquellos que quieren pedirle un coche a la Virgen), muñecos de bebes (por los que quieren hijos), Barbies (por los que quieren novia) y Kens (por las que buscan novio), entre otros.

Los altares y los arcos se lucieron como nunca los tres días principales de la festividad; es decir, el viernes, el sábado y el domingo de la semana pasada. Sin embargo, no se mostraron en su máxima expresión sino hasta que fueron visitados por la Virgen, que el sábado 8, antes de regresar a su templo, recorrió la plaza, pasó por los arcos, visitó los altares y danzó el wititi en hombros de sus fieles.

Pese a que la fiesta se extendió durante toda la noche, el domingo 9, a las 6 a.m., las bandas de músicos y los grupos de danzantes ya estaban en la calle recorriendo no solo la plaza sino las calles aledañas, invitando a lugareños y a turistas a seguirlos.

Damas y varones danzaron con sus respectivas llicllas (mantas tejidas por campesinas), las cuales van cruzadas sobre sus pechos y sirven para portar ofrendas a la Virgen: panes, frutos y dinero.

Es fácil distinguir a los altareros y los arqueros (quienes ofrecen como tributo a la Virgen los arcos), pues en sus sombreros llevan billetes de distinta denominación que familiares y amigos les regalan para ayudar a financiar la fiesta, la cual incluye convites (invitaciones) en plena plaza que se extiende a propios y extraños. Fueron precisamente los convites los que se compartieron durante la semana que pasó. Todos festejaron a la Virgen, todos brindaron en su honor.

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