"Aquello que el hombre recuerda en sus días tristes eso es su gran amor", escribió en un poema Rafael Ospina y medio penal de Lurigancho lo quiere por eso. Porque este colombiano de familia rica y antiguo músico que incluso grabó con la orquesta sinfónica de su país, se ha convertido en el trovador de las penas y las ansias de libertad de los internos; y en el poeta que les escribe sus cartas de amor y redención.
Ahora incluso hay internos --casi un club de fans-- que cultivan sus composiciones musicales y otros que declaman sus poemas. Detenido hace diez años por tráfico de drogas, Ospina es un ejemplo de bondad en la prisión. "La gente viene, me cuenta sus vivencias y yo escribo sobre eso, me cuentan de sus mujeres y les escribo poemas para ellas, con mensaje", afirma Ospina, quien pide apoyo para publicar una antología de sus más de 500 poemas tras las rejas.
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La trova de Lurigancho