Este miércoles el BID decidirá si financia el proyecto para exportar el gas natural
ALGUNAS VOCES ADVIERTEN QUE EXPORTAR EL GAS NATURAL SIN NINGÚN VALOR AGREGADO PODRÍA SER UN GRAVE ERROR. SIN EMBARGO, ESTE MIÉRCOLES EL BID DECIDIRÁ SI FINANCIA EL PROYECTO CAMISEA II
Por Manuel Marticorena
Inicialmente, la demanda interna de gas natural se calculó en 4 trillones de pies cúbicos (TCF). Una reevaluación reciente hecha por el Ministerio de Energía y Minas determinó que la demanda se incrementaría para los siguientes años y se consideró que el mercado local requerirá 6,06 TCF. Esto, debido al ingreso de la industria petroquímica y el incremento del PBI.
Las reservas de Camisea (lote 88 y lote 56) se estiman en 10,9 TCF. Del total, 4,2 TCF se comprometieron para la exportación. Si a esto se añade la demanda interna, las reservas de Camisea casi están comprometidas en su totalidad.
DEMANDA INTERNA EN AUMENTO
Perú LNG ha informado en reiteradas oportunidades acerca de las bondades de su proyecto de exportación del gas natural: US$3.372 millones en inversiones, un incremento importante de las exportaciones de hidrocarburos e ingresos al fisco durante su etapa productiva (entre el 2011 y 2028) de US$4.000 millones. Cifras que enmarcan una fotografía muy interesante.
Este proyecto, gestado por Hunt Oil (que tiene una participación del 50% en Perú LNG), empezó a tomar cuerpo en el 2003 como una opción para el uso del gas natural de Camisea.
En el campo se calculaba una reserva de 11 trillones de pies cúbicos (TCF) y el consumo interno para los siguientes veinte años en alrededor de 4 TCF. En ese sentido la pregunta era: ¿Qué hacer con tanto gas natural que el mercado local no va a consumir? La respuesta la dio Perú LNG: exportar.
Este fue el único esquema propuesto para utilizar las reservas de Camisea. Según Antonio Cueto, presidente de Perú- Petro (entidad estatal encargada de las concesiones de hidrocarburos) en el 2003, no se analizaron otras opciones. Cuando Perú LNG presentó en forma oficial el proyecto al Ministerio de Energía y Minas (MEM), en el 2005, señaló que el proyecto generaría interés por continuar explorando en el Perú para hallar más reservas de gas, si se consideraba que el proyecto (conocido como Camisea II) abriría puertas para colocar nuevas reservas.
Sin embargo, el proyecto enfrentó un escollo: el contrato original de Camisea señalaba que el operador del campo gasífero, Pluspetrol, debía garantizar 20 años de abastecimiento permanente (es decir, cada año) al mercado interno antes de pensar en exportar. Pero Pluspetrol no podía garantizar a Perú LNG el abastecimiento permanente para su planta (que construye en Cañete) sin arriesgar el mercado interno.
Con apoyo del gobierno de Alejandro Toledo, se modificó este punto y se estableció que solo sería requisito para Pluspetrol abastecer al mercado interno por un lapso de 20 años fijos (del 2005 al 2025), con lo cual dicha empresa pudo firmar un contrato con Perú LNG en el que podía asegurar un abastecimiento constante durante la vida de su proyecto.
Carlos Herrera Descalzi, actual decano del Colegio de Ingenieros del Perú y ex ministro de Energía y Minas, señala que todos estos beneficios eran extremadamente benévolos si se considera que las reservas que se pensaban exportar --a un precio muy bajo y sin mayor valor agregado, según sus palabras-- no las había hallado Perú LNG, sino que fueron otorgadas por el Estado. En ese sentido, el riesgo de Perú LNG era poco. "Al eliminarse la exigencia de que fueran 20 años constantes no había incentivos para que esta empresa explore y busque más gas natural, porque ya se había asegurado", agrega.
En ese momento, Herrera luchaba en solitario por mantener el gas natural para el mercado interno. Creía que los beneficios que recibirá el Perú por exportarlo serían menores frente a asegurar reservas para un futuro cercano. Pocos le hicieron caso.
DECISIONES ERRADAS
En esta misma tendencia, Environmental Defense, una ONG estadounidense, encargó recientemente al experto Glen Jenkins, catedrático en varias universidades (Harvard, Queens, Mediterranean University, entre otras), especializado en finanzas públicas y desarrollo económico, analizar el costo-beneficio de la exportación de Camisea.
Jenkins hizo una evaluación sobre cuál sería el costo de oportunidad perdido para el Perú si exporta el gas natural de Camisea. Y los resultados no son alentadores.
Para analizar el mejor uso (el más rentable) que se podría dar al gas y simplificar el análisis, Jenkins asume que solo existen dos alternativas: o exportarlo como gas natural licuado (LNG) o usarlo paulatinamente como generador de energía, alternativo al petróleo, en el mercado local, ello en la medida en que, a mayor exportación de LNG, el Perú tendría menos reservas para el ámbito interno y se vería obligado en menor tiempo a volver a usar petróleo.
Asumiendo un precio del petróleo del orden de US$90, como el actual, Jenkins concluye que la opción más rentable para el país sería asegurar reservas para el mercado interno por 33 años antes de proceder a exportar el hidrocarburo, pues los costos de usar el petróleo serían mayores a los beneficios obtenidos (como regalías) por su exportación.
Incluso con un precio de US$60, seguiría siendo más rentable asegurar reservas por 29 años. Lo interesante del modelo es que estos resultados son válidos aun asumiendo que el Estado utiliza de la manera más eficiente posible las regalías que recibirá por la exportación del gas (es decir con una tasa de retorno de 12%, que es la que utiliza el Sistema Nacional de Inversión Pública).
Cabe señalar que ninguno de los estudios presentados anteriormente analizaba la rentabilidad de proyectos alternativos a la exportación del gas, solo se dedicaron a analizar la rentabilidad de esta iniciativa en particular.
Tras este cálculo, Jenkins, en un memorándum enviado a los directores del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), asegura que el Perú está perdiendo un costo de oportunidad alto al desaprovechar el gas natural para su propio abastecimiento. Y el BID, este miércoles, podría aprobar una línea de financiamiento de US$400 millones para Perú LNG.
HIZO FALTA MÁS ESTUDIOS
Bajo las conclusiones de Jenkins, si se incorporase los beneficios de la transformación del gas a través de una petroquímica, el proyecto de exportación sería aún menos conveniente para el país. Según Gustavo Navarro, director de Hidrocarburos del MEM, si desde el gobierno se apoyó Camisea II ocurrió porque en ese momento era la única alternativa para el uso del gas natural. Sin embargo, ya desde la segunda mitad de los 90 la firma Shell, entonces encargada de Camisea, tuvo entre sus planes generar una industria petroquímica.
Según el consultor internacional Miguel Palomino, quien fue gerente general de Merrill Lynch en el Perú y economista principal de dicho banco de inversión para la región, tanto el BID (como ente rector del desarrollo) como el MEM debieron promover estudios sobre el uso eficiente del gas natural; en ese sentido apoya la tesis de Jenkins. Palomino aclara que en este tema no está en cuestión la inversión privada, sino las condiciones y la calidad de las mismas, que es en lo que consiste la labor del Estado.
Navarro y los operadores de Camisea aseguran que en la zona existe más gas natural. El modelo Jenkins, en todo caso, plantea algunas reflexiones para el futuro porque frente a Perú LNG las cartas podrían ya estar echadas. ¿Qué pasará con estas reservas? ¿Se reorientará a un uso interno más eficiente como la petroquímica? ¿Se exportará sin ningún valor agregado? Preguntas que desde ya deberían encontrar respuestas.