Punto de vista
Por RolandoArellano. Doctor en márketing*
Si bien desde hace mucho tiempo los regalos son parte de la tradición navideña, cada año que pasa se convierten en un ingrediente mayor, tanto que ya parecen suplantar la fiesta misma. Muchos críticos acusan entonces a la sociedad de convertir la Navidad en una ocasión de consumismo exagerado y banal, que termina muchas veces en descontento. Creemos que tienen razón, pero más que por el hecho mismo de dar regalos, por la manera en que algunos de ellos se generan y ofrecen.
No estamos en contra de que en Navidad se compre regalos, pues ello da trabajo para muchos, pero creemos que comprar no es la única forma de ofrecer un símbolo de amistad y cariño. Siendo importante recordar que la función del regalo es la de contentar a quien lo recibe y no la de dejar tranquilo al que regala, debe entenderse que más importante que el objeto dado es el resultado que se obtiene del mismo.
Así, tal vez comprar una camisa para el papá que lo necesita es una buena idea. Pero quizás en lugar de regalarle por compromiso una corbata, lo haría más feliz si el hijo le limpia y encera a fondo el auto, ese que tanto quiere y que no tiene tiempo de cuidar. Quizás el mejor regalo para la mamá abnegada que está todo el tiempo trabajando sería ofrecerse para preparar la cena navideña familiar, en lugar de esperar que ella pase la noche del 24 cocinando como siempre. ¿Y a la abuelita no le gustaría un paseo por esos barrios donde vivió de chica, y visitar a esa amiga de la infancia? ¿Y por qué no enseñarles a jugar trompo a los chicos, con uno de esos trompos de solo tres soles que se encuentran en cualquier mercado?
En ese sentido, resulta reconfortante ver que muchas empresas hoy envían sus deseos de fin de año con una tarjeta a clientes y amigos, señalando que en su nombre --y en lugar de enviarles regalos personales-- están haciendo donaciones para obras sociales diversas. Por supuesto que siempre es interesante recibir un regalito, pero este tipo de mensajes resultan muy, muy motivadores.
Este año he recibido algunos regalos, y seguramente el 25 recibiré más. Pero para acabar, quiero compartir con ustedes dos de ellos, que me han hecho sentir el espíritu navideño de manera profunda. Uno, un pequeño libro de cuentos infantiles enviado por un buen amigo, destinado a que lo comparta contándoselos a algún niño. Con toda seguridad lo haré y ya estoy saboreando la oportunidad. Otro de una compañera de estudios, que me regaló un collage de fotos de las muchas reuniones que tuvimos cada año desde que salimos de la universidad. ¡Qué regalo maravilloso!, que expresa cariño y preocupación por agradar.
En ninguno de ellos se percibe obligación o sentido comercial, sino un puro y claro espíritu navideño. Ojalá nos sirvan de inspiración.
¡Feliz Navidad para todos!
* CENTRUM CATÓLICA / ARELLANO MÁRKETING, INVESTIGACIÓN Y CONSULTORÍA