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Crónica LAMENTO EN LA SELVA

La mujer que luchó por su identidad

Hace pocos días falleció Ketty Sánchez, la mujer shipiba que más lejos llegó en materia académica e intelectual. Su comunidad llora la pérdida de una lideresa innata

Por Ricardo León

Para el mundo shipibo diciembre es un mes de dolores explícitos, de dolores como certezas de lo inconcluso. El 8 de diciembre, hace pocos días, murió en un accidente de carretera Ketty Suárez, la más importante intelectual del mundo shipibo; murió cerca de Pucallpa cuando paseaba en una moto hasta que apareció un auto y la impactó y la mató y dejó a la pequeña Paloma sin madre y a la venerable Laureana sin hija y a la apasionada María sin discípula y al expresivo Jéiser sin amiga y a la comunidad shipiba sin su futura lideresa, quizá la más lúcida o la más transparente o la más urgente.

También en una carretera y también en diciembre (pero del 2004) murió Kruger Pacaya, otro importante líder; ambos están enterrados juntos y a ambos se les rinde culto con ceremonias de fuego en este mes que remite inmediatamente a la muerte y a la pena: 'mawa' y 'ünis', en lengua shipiba.

ORGULLO DIALÉCTICO
En la selva una contradicción estructural puede convertirse en anécdota: la historia de una mujer experta en lingüística shipiba empieza con un absurdo error gramático. La comunidad donde nació Ketty se llamaba Payaria, que provenía de 'payari' o el nombre de un pez de la zona, según le contaba su abuelo con la autoridad de quien ha sido 'apu' de la comunidad. Pero los mestizos llegaron y en vez de decir Payaria dijeron Cayaria y el nombre continuó mutando y ahora a la comunidad se le conoce como Callería.

Ketty, entonces, nació en Callería; era 1977 y fue la tercera de seis hermanos. Su padre es un profesor bilingüe y su madre una artesana y ambos le enseñaron como dogma doméstico que en la casa se iba a hablar shipibo antes que español porque el español puede aprenderse mientras el shipibo tiende a perderse.

A Ketty le pusieron un nombre shipibo, Metsa Wesna, que significa 'Mujer hermosa y pasiva'. Ella migró a la ciudad para estudiar la primaria y lo hizo en el distrito de Yarinacocha (provincia de Coronel Portillo, en Ucayali). Estudió secundaria en Pucallpa y a los 18 años conoció Lima, pero a su modo. Aquí vivió en casa de María Cortez, una experta en gramática amazónica y docente de la Universidad de San Marcos; la química fue mutua e inmediata: María veía en Ketty a una amante obstinada (y predestinada y animada y atinada) de la semántica shipiba y Ketty veía a María como una estudiosa formal (y leal y real y cabal) de los fenómenos lingüísticos selváticos.

Si hubiera lugar a reclamos se diría que la muerte le llegó a Ketty en el instante más inoportuno; una semana después iba a presentar la tesis de su maestría en Estudios Amazónicos; ella no quiso quedarse en la Lingüística, sino que quiso entender las palabras a partir de las acciones, las frases a partir de la vida y los conceptos a partir de las creencias del pueblo shipibo que seguía siendo el suyo. Ya los entendía cuando falleció.

Y entonces María la reivindica: "Ketty quería presentar su tesis, entonces con su padre y una amiga presentaré esa misma tesis ante el mismo jurado que la iba a evaluar. Queremos que la califiquen; no es un capricho, es un gesto simbólico, un homenaje".

LA IDENTIDAD COMO VERDAD
Sobre la tumba de un shipibo muerto no se colocan flores: se encienden fogatas. La semana pasada se realizó una ceremonia de fuego en el cementerio donde está enterrado el cuerpo de Ketty, justo entre el de Kruger Pacaya (el otro líder shipibo que falleció en un accidente de tránsito) y el de la esposa de este. Allí se reunieron algunos amigos y representantes de la comunidad shipiba entre el desesperante sol pucallpino y el fuego, que hacia el mediodía venían a ser lo mismo.

Entre ellos estuvo Jéiser Suárez, el amigo que conoció el lado más honesto y acaso el más suspicaz de Ketty, aquel que reconocía que los problemas de los indígenas shipibos empezaban en ellos mismos, que los primeros en marginar indígenas son indígenas, que los primeros en discriminar nativos son nativos y que los últimos en reconocer a un shipibo exitoso son otros shipibos.

Y entonces Jéiser la reivindica: "Algunos de los propios shipibos tenían cierto celo hacia ella, cierta envidia por lo lejos que llegó. Y de hecho fue la mujer shipiba que más avanzó intelectualmente y personalmente en base a su mentalidad abierta. Ella simplemente no quería perder su identidad".

HERENCIA SHIPIBA
El panorama de esta casa es, por lo menos, desolador: un colchón sin sábanas y una mesa vacía son el registro de una muerte que no debía ser. La imagen de Laureana deambulando en la casa de madera que era de su hija, también. Le habían dicho por teléfono que Ketty se había accidentado y ella había tomado un avión y luego un mototaxi y había llegado rápido al hospital y cuando entraba a ver su hija, ella se moría. Así que Laureana y sus demás hijos enmarcaron la pena como lo hacen los shipibos: con un velorio de dos días y un corte de pelo en señal de duelo.

Ahora Laureana no quiere hacer nada. Ella es artesana... (y en un arrebato fugaz de buen ánimo muestra orgullosa los telares que ella misma ha diseñado con tintes vegetales y habla de cada uno y de cómo una línea representa un río y de cómo un rombo representa una comunidad y de cómo uno puede representar lo que esté en su cabeza) ...pero ahora no quiere hacer nada, solo cargar a la pequeña Paloma e imaginar el momento en que la niña le pregunte dónde está su madre.

Y entonces Laureana la reivindica: "Yo en mi casa siempre les dije a mis hijos que hablaran shipibo antes que español. Y así Ketty conoció su propia lengua y luego la estudió más a fondo. Ahora quiero que su hija, Paloma, hable también shipibo y después español. Ya le estoy enseñando".

Por lo pronto, Paloma ya heredó el nombre shipibo de su madre, Metsa Wesna, que significa 'Mujer hermosa y pasiva'. Porque la identidad es lo primero que un shipibo busca mantener.

Defendiendo las raíces lingüísticas
Ketty falleció apenas unos días antes de presentar la tesis de su maestría en Estudios Amazónicos titulada "Derivación semántica en la lengua shipiba: textos y contextos en el análisis de las palabras Shaman, Shoko, Ribi y Pari". Ella sostenía que la rítmica y la intensidad de la lengua shipiba podía servirle de mucho al español, pero sobre todo creía que esta debía mantener su originalidad intacta.

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