El finlandés Kimi Raikkonen ganó el campeonato de la Fórmula 1 en una de las finales más dramáticas de la historia al superar a Fernando Alonso y a Lewis Hamilton
Este ha sido un año especial para la Fórmula 1. No el mejor, pero sí distinto. Una temporada atípica que tuvo ingredientes de una película de Hollywood: el novato que en su primer año está a punto de ganar el título, el campeón que ve amenazado su lugar y el extra que al final se llevó todo el protagonismo.
El finlandés Kimi Raikkonen impuso la "era del hielo" --como escribió el enviado especial de El Comercio, Eduardo Lavado-- en el infierno que fue el circuito de Imola, en Brasil (35°C en las tribunas, 65°C en la pista), en la última fecha del campeonato. El escenario perfecto para que el piloto más inexpresivo de la F1 reivindicara el poderío histórico de Ferrari.
A pesar de ganar el primer GP de Australia, parecía que Raikkonen miraba siempre sin pretensiones a los líderes del torneo. Mientras la prensa mundial se entretenía con las peleas entre los pilotos de McLaren, Lewis Hamilton (el novato) y Fernando Alonso (el bicampeón), Raikkonen corría tranquilo, sin la presión de tener que campeonar en su primer año con Ferrari, libre de verse amenazado por su compañero Felipe Massa y sabedor de la superioridad del F-2007 sobre los otros monoplazas de la parrilla.
Lo suyo fue pura efectividad. Seis carreras ganadas y seis podios en 17 fechas. En la última la mayoría apostaba por Alonso o Hamilton. Pero el 'Hombre de Hielo' los dejó fríos. Se llevó el título, y cuentan que ni siquiera lagrimeó.