EDITORIAL
La definición de ascensos, pases a retiro y relevos en las Fuerzas Armadas generan cada año por este tiempo un natural clima de tensión interna, pero hay que reconocer que desde el 2001 y de forma paulatina se ha logrado recuperar en gran parte la línea de mando castrense y el control civil institucional.
Atrás ha quedado el nefasto manoseo que Vladimiro Montesinos hizo de las FF.AA., a tal punto que purgó promociones completas solo por beneficiar a sus incondicionales. Ahora son notorios los avances en el camino de la institucionalización. Puede ser, por ejemplo, que Edwin Donayre sea un militar atípico y de estilo personal singular, pero su ratificación como comandante general del Ejército cumple todas las de la ley.
Sin embargo, el general Donayre no puede pretender negar, como lo ha hecho la semana anterior, la probada existencia de planillas paralelas en el Ejército, Marina y Aviación, cuando el reconocimiento de ellas es el primer paso para el sinceramiento y mejora de los sueldos de los militares. Es poco honroso que un general de división con toda la experiencia y conocimiento acumulados perciba menos de 2.500 soles por concepto de remuneración y que para cubrir este magro ingreso tengan que asignarle un bono por combustible que supera los cuatro mil soles. Transparencia no implica reducir salarios, ya de por sí bastante malos, sino hacerlos claros a la ciudadanía, la que con sus impuestos los solventa.
En ese sentido, ha hecho bien el ministro de Defensa, Ántero Flores-Aráoz, en admitir el problema y mucho mejor en anunciar su voluntad por resolverlo y llegar a un sinceramiento real.
Del mismo modo, es saludable que la subordinación militar al poder civil haya consolidado su línea de continuidad, con las destacadas gestiones ministeriales precedentes de Aurelio Loret de Mola y Allan Wagner Tizón.