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NAVIDAD EN EL MUNDO

El Papa invoca a darnos tiempo para el que sufre y necesita ayuda

Dijo que el hombre espera a Dios, pero que cuando llega no tiene sitio para él. La Navidad fue alegre en Belén. En Bagdad los fieles superaron el miedo

BELÉN, BAGDAD, EL VATICANO, CUENCA [El Comercio/Agencias] En la homilía de la tradicional Misa de Gallo, el papa Benedicto XVI denunció que la humanidad espera a Dios, pero está tan ocupada consigo misma que necesita todo el espacio y que por ello cuando llega el momento no tiene sitio para Dios, que entra en el mundo, pero no es escuchado ni acogido.

Benedicto XVI también lamentó el estado en el que se encuentra el planeta, "debido --afirmó-- al abuso de las fuentes de energía y de su explotación egoísta y sin ningún reparo".

En una basílica de San Pedro, abarrotada de fieles, en una noche fría y con una imagen del Niño Jesús a su lado, el Papa recordó el nacimiento de Jesús, cómo María lo envolvió en pañales y cómo lo acostó en un pesebre, "porque no tenían sitio en la posada donde pretendían alojarse".

"La humanidad espera a Dios, pero cuando llega el momento, no tiene sitio para él. Está tan ocupada consigo misma de forma tan exigente que necesita todo el espacio y todo el tiempo para sus cosas y ya no queda nada para el otro, para el prójimo, para el pobre, para Dios", se lamentó el pontífice.

El obispo de Roma se preguntó si los hombres tienen tiempo para el prójimo, "que tiene necesidad de nuestras palabras, de nuestro afecto".

"¿Tenemos tiempo para el que sufre y necesita ayuda? ¿Tenemos tiempo para el prófugo o el refugiado que busca asilo? ¿Tenemos tiempo y espacio para Dios? ¿Puede entrar en nuestras vidas? ¿Encuentra un lugar en nosotros o tenemos ocupado todo nuestro pensamiento?", se preguntó.

NOCHE DE PAZ EN PALESTINA
Por primera vez en años, las celebraciones navideñas en Belén fueron alegres y en una atmósfera de renovada tranquilidad.

Luego de estallar enfrentamientos entre palestinos e israelíes en el 2000, las personas que se congregaban durante los festejos navideños en la Plaza del Pesebre, en el centro de esta ciudad bíblica, eran en su mayoría palestinos del lugar, pero este año hubo gran cantidad de turistas de todo el mundo, que antes evitaban venir por temor a la violencia.

PELIGRO EN BAGDAD
En la pequeña iglesia de la Virgen María, en pleno centro de Bagdad, Yvonne Jadou, con otro puñado de fieles, ha superado el miedo para poder celebrar la Navidad, a pesar de que esta fiesta ha perdido su magia en una ciudad devastada por la violencia. Nada es como antes para esta mujer. "Ya no son las fiestas de Navidad de antes del 2003, la iglesia estaba llena. La gente cantaba. La gente era feliz", dice Yvonne, con la cabeza cubierta por una mantilla blanca en esta iglesia caldeana, una de las más antiguas comunidades cristianas del mundo, y que está ligada al Vaticano.

"Hoy, la gente ya no sale, tienen miedo. Es un miedo que nos sigue por todas partes. Pero si hay que morir, prefiero morir aquí", añade esta mujer, cuyo marido trabaja en un hotel del centro de la ciudad.

EL NIÑO VIAJERO
El pase de El Niño viajero, como se conoce el tradicional recorrido de una imagen del Niño Jesús por las calles de Cuenca, en vísperas de la Navidad, congregó ayer a decenas de miles de fieles en esa ciudad del sur de Ecuador.

La procesión, en la que participaron más de 200 carros alegóricos y cientos de comparsas, se celebra desde hace 46 años, cuando la pequeña imagen --de 1823-- fue bañada en oro y llevada a Roma y Belén por el sacerdote Miguel Cordero, ya fallecido.

Según la historia, Cordero regresó a Cuenca el mismo año y llevó la imagen a una de las principales devotas, Rosa Pulla, quien al verla exclamó: "Llegó el viajero". De ahí se deriva el nombre de la celebración.

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