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De los zares de ayer a la 'zarina' de este tiempo

Por: Juan Paredes Castro |

Cada vez que los gobiernos han querido poner a una personalidad al frente de una gran misión, lo primero que se les ha ocurrido es llamarlo 'zar' o 'zarina'.

El ex presidente Alejandro Toledo nombró en su momento como 'zares' contra el narcotráfico y contra la corrupción al empresario Ricardo Vega Llona y al jurista Martín Belaunde. Vega Llona tenía, en Devida, por lo menos una oficina y un sillón donde sentarse. Belaunde estaba tan prácticamente en el aire, que acabó en la Embajada del Perú en Buenos Aires, donde, haciendo honor a su frustrado inicial nombramiento, contribuyó decisivamente a la extradición de los Crousillat y del ex ministro de Economía Jorge Baca, por la justicia argentina.

Este invento del zarismo en el Perú, que es una imitación de lo que en Estados Unidos son algunos cargos dotados de altos poderes reales y efectivos, no viene a ser otra cosa que el angustioso y a veces audaz intento de cobertura de nuestros graves vacíos institucionales. Para ajustar clavijas contra el narcotráfico bastaría un par de buenos procuradores del Interior y Defensa y otro par de buenos fiscales, además, por supuesto, de una sala judicial especializada, eficiente y proba. Pero esperamos que Devida (Comisión Nacional para el Desarrollo y Vida sin Drogas) sea la cabeza de la gran batalla y su director, el ex ministro Rómulo Pizarro, su 'zar' por excelencia.

Sobreviene ahora el nombramiento de Carolina Lizárraga al frente de la Oficina Nacional Anticorrupción, con ley orgánica de por medio y una misión concreta en el horizonte: ocuparse de la recuperación de activos provenientes del lavado de dinero y de los desbalances patrimoniales. Aunque a disgusto de ella podemos decir que no es una 'zarina' cualquiera sino una 'zarina' distinta y reconocida, con principado y misión propios. Claro que también llena más de un vacío entre una contraloría que se ha vuelto más preventiva que nunca y una sarta de procuradurías inútiles, en cuyas manos la defensa legal del Estado es una verdadera calamidad.

La doctora Lizárraga tiene, pues, en el lavado de dinero y en el tan difundido pero tan poco tocado desbalance patrimonial, toda una pera en dulce que investigar. Son dos temas en los que la contraloría generalmente no entra a fondo y el Ministerio Público da demasiados rodeos antes de actuar de oficio o a pedido de las autoridades.

La Oficina Nacional Antico-rrupción tiene tan centrado y nítido su campo de acción que no le quedará sino ofrecer resultados a corto y mediano plazos. Todos esperamos que la captura de peces gordos sea en verdad parte de su trabajo mar adentro. Sería una pena que terminara ofreciendo a la justicia solo canastas de pirañitas.

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