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RUMBO A LAS ELECCIONES ESTADOUNIDENSES

Las asambleas de Iowa

Por Sergio Muñoz Bata.  Periodista

Este 3 de enero, cuando terminen las asambleas populares en el estado de Iowa, (los llamados caucus) empieza de manera oficial la carrera por la presidencia de Estados Unidos.

Ese día, en los campos nevados de Iowa decenas de miles de ciudadanos se congregarán en escuelas, iglesias, graneros y casas para decidir sus postulaciones. Los republicanos, votando a la manera tradicional y los demócratas discutiendo durante horas las bondades de los postulantes hasta llegar a un consenso.

La mayor virtud del "caucus de Iowa" es ser un modelo paradigmático de democracia representativa. Es usual es que los electores oigan a los candidatos en persona, circunstancia que empareja la contienda y disminuye el peso de los candidatos mejor financiados.

Por otro lado, la homogeneidad de su población, abrumadoramente blanca, su entorno rural y la elevada edad promedio de los votantes, le niegan su representatividad nacional aunque su posición al inicio del proceso electoral le asigna un peso desproporcionado a temas que aunque solo les atañen a ellos terminan teniendo repercusión nacional e internacional.

Después de Iowa vienen cinco elecciones primarias que son el preámbulo al 'supermartes' del 5 de febrero, en el que 22 estados celebran sus primarias, incluyendo a California el premio mayor; Nueva York, el segundo más grande e Illinois, el tercero.

La Constitución dice que para escoger al presidente, "Cada estado nombrará, a la manera en que la legislatura decida, un número de electores...". Aunque, como dijera la Suprema Corte de Justicia en su controversial opinión sobre la elección del 2000: "El ciudadano individual no tiene el derecho constitucional de votar por los electores del presidente de Estados Unidos". Vota por planillas de electores presidenciales que igualan en número a los senadores y representantes que los estados tienen en el Congreso (un total de 535 personas). El candidato con mayor número de votos gana todos los votos electorales de ese estado y el candidato presidencial necesita 270 votos electorales para ser elegido.

Una peculiaridad del sistema es que el ganador de una primaria se lleva el total de votos del estado sin considerar el factor de representación proporcional. Por ello, la batalla se da en estados en los que el voto está sumamente dividido y se propicia que el candidato sucumba a grupos de interés para sacar la ventaja mínima. En Iowa, comprometiéndose a continuar los subsidios a la industria agrícola y en la Florida apoyando políticas dictadas por la comunidad cubano-americana que distorsionan la política exterior del país.

Pero la incongruencia mayor del sistema es que un candidato puede ganar el voto popular, como sucedió con Al Gore en el 2000, y terminar perdiendo la elección.

Otra desventaja del sistema es que como la campaña presidencial dura al menos dos años, muchas decisiones políticas están sometidas a las presiones electorales. Un ejemplo sería el fracaso de la reforma migratoria del 2007 en el Congreso, debido a la percepción de que el partido cuyos congresistas la apoyaran perdería apoyo popular en las elecciones del 2008.

Resolver los inconvenientes del sistema electoral no es tarea fácil, sobre todo porque ninguno de ellos presenta un reto al carácter democrático de la nación. Lo alentador, sin embargo, es que en este país que ni en sus horas más oscuras deja de aspirar a perfeccionar su sistema de valores ya se empieza a gestar una corriente de opinión que favorece el sistema de voto directo y le adjudicaría al colegio electoral un papel más ceremonial.

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