OBITUARIO Relatos históricos
FUE EL ETERNO CANDIDATO AL PREMIO NOBEL DE LITERATURA MANTUVO SU IRÓNICA HUMILDAD EN LA CIMA DE SU FAMA
TALLÍN [DPA]. El escritor estonio Jaan Kross falleció ayer, a los 87 años, luego de una larga enfermedad. El autor mantuvo su irónica humildad incluso en la cima de su fama internacional: le gustaba considerar su obra, traducida a más de 20 lenguas, como fruto de un historiador aficionado. Y bromeaba: "Acaso se trate, en cierto modo, de pereza", porque recurrir a la historia le permitía no forzar demasiado la imaginación.
El eterno candidato al Premio Nobel de Literatura, considerado la conciencia literaria de Estonia, reflejó de forma incomparable la cambiante historia de su país, a través de cuentos y novelas.
Distinguida por su fino humor y una gran humanidad, su obra tuvo una influencia determinante en su país y alcanzó renombre internacional.
El autor también logró disfrazar en relatos históricos una ácida crítica a los años en que Estonia quedó reducida a una parte de la Unión Soviética.
Kross describió la vida del noreste de Europa durante el siglo XX conjugando con maestría el reflejo de destinos individuales con el de grandes movimientos políticos históricos.
Nacido el 19 de febrero de 1920 en Tallín, con apenas 16 años Kross comenzó a publicar cuentos y poemas en diarios juveniles.
En 1944, poco antes del fin de la ocupación nazi, fue detenido. En cuanto fue liberado lo apresaron las autoridades soviéticas y lo deportaron a un campo siberiano.
En sus obras, Kross habla de la pobreza en los años del hambre, de la comunidad intelectual forjada dentro del Gulag y de historias de amores prohibidos. Concebía el cambiante y doloroso devenir de su país como un destino humano e individual.