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Rincón del autor

La confianza que debemos preservar

El 2008 será especialmente complicado para una nación que bien en lo económico, mal en lo político, necesita confiar en un futuro bueno para todos

Por Hugo Guerra

Sosegado lector, acabado este año, el balance nacional puede seguir resumiéndose en que vamos muy bien en la macroeconomía, pero muy mal en lo político.

El crecimiento del PBI en un 8% nos ubica en el liderazgo latinoamericano, pero los resultados que entusiasman a los inversionistas de Wall Street enfurecen a una base popular peligrosamente excitada por la guerra redistributiva.

En este contexto el 2008 se presenta especialmente complicado. La suscripción del TLC con Estados Unidos ha sido la mejor decisión política y comercial que podía tomar el gobierno para insertarnos en la globalización. Pero el inicio de su implementación será muy duro porque vamos a espectar la purga profunda de un sistema empresarial, agrícola y exportador que, pese a todas las iniciativas estatales, mantiene un componente espantoso de 85% de informalidad.

El presidente García y su renovado Gabinete deberán entonces multiplicar los esfuerzos técnicos y políticos para conjurar los peligros del viejo mercantilismo que ya lloriquea por su falta de competitividad, y los reclamos airados de miles de campesinos que no entienden la urgencia de reconvertir sus hábitos productivos. Ambos segmentos inevitablemente serán zamaqueados por una marea de importaciones baratas que podrían desestructurar aún más a una nación cuyo sector costeño capta casi el cien por ciento de los beneficios del libre comercio, en desmedro de las otras regiones.

En el nuevo año habrá otros elementos de tensión. Por ejemplo, ya es incuestionable que el petróleo seguirá bordeando los 100 dólares el barril; que la economía asiática y norteamericana se desacelerarán hasta al punto que el 2009 podría reeditarse una crisis equivalente a la de 1998; que internamente las inversiones productivas tendrán como freno el alto costo energético, la fragilidad de nuestra infraestructura, los sobrecostos burocráticos, laborales y tributarios; y, las amenazas a la seguridad nacional.

Con las cumbres de Unión Europea, América Latina y el Caribe y de APEC, el Perú se convertirá en el escenario apetecido por el terrorismo extranjero. Paralelamente, el narcoterrorismo local --como acabamos de ver en Huanta-- estará hiperactivo por los crecientes precios de la cocaína y la heroína que salen del VRAE y del nororiente peruano. Súmese a eso otros conflictos como la agraviante avanzada chavista en nuestro territorio y el impacto negativo que va a causar el desenlace boliviano.

No se trata de ser agoreros, pero el 2008 se pinta complicado porque esta vez el crecimiento de la economía puede verse afectado por el desmadre de la política, a diferencia de lo que ha venido pasando desde hace siete años.

¿Qué hacer? Pues más que recetas imposibles, apenas una reflexión: el presidente García, su Gabinete, los líderes democráticos y la prensa seria deben reforzar la confianza en un futuro mejor para todos a partir del manejo siempre ético y eficiente del Estado y de programas que subsidien a los pobres extremos. Deben además ponerle emoción social a estos tiempos en que la riqueza del Estado no puede simplemente acumularse como las monedas de un avaro que no conoce de solidaridad.

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