Entrevista NEYDO HIDALGO MINAYA
En los años 80, los constantes apagones por la voladura de torres fueron solucionados por héroes anónimos. El director del Museo de la Electricidad habla de ellos
Por Manuel Marticorena Solís
Los relatos históricos están cargados en su mayoría de obras titánicas, esfuerzos inconmensurables y, por supuesto, héroes valerosos. La historia de la transmisión eléctrica en el país no está exenta de estas características. El director del Museo de la Electricidad, Neydo Hidalgo, ha publicado, con apoyo de la empresa Red de Energía del Perú, el libro "Tejedores de luz", a través del cual todos podemos recorrer la historia de la electricidad en el país.
Un capítulo de este libro -- que pone un especial énfasis en el sector de la transmisión eléctrica-- está dedicado a la década trágica, los años 80, cuando el sector eléctrico jugó su propia batalla ante la voladura constante de torres de alta tensión por manos terroristas.
De este tema hablamos con Neydo Hidalgo, buscando hacer un balance de una década en la que los trabajadores de este sector también fueron, a su manera, héroes.
A la subversión no solo se enfrentaron policías y ciudadanos valerosos, sino también trabajadores del sector eléctrico que debían arriesgar sus vidas para procurar reconstruir los cientos de torres que el terrorismo volaba. ¿Cree que se ha valorado la participación de estas personas en esos años?
No se ha tomado en cuenta que la coyuntura de esos años hacía que el trabajador eléctrico estuviera alerta a los siniestros que ocurrían a las líneas y torres de transmisión, que son como un sistema sanguíneo para un cuerpo, llevando la energía hacia todas las partes del país. La gente no entendía en esa época por qué si volaban una torre en Huancavelica o Huancayo, la capital del país se quedaba sin electricidad. La razón es que más del 50% de la electricidad venía de la central eléctrica del Mantaro en Huancavelica.
¿El terrorismo fue el principal factor para que no hubiera un mayor desarrollo eléctrico en la década de los 80?
Esa época fue trágica no solo por el accionar terrorista, que de por sí ya era demasiado negativo, sino porque se sumó a ello el clima. Los fenómenos de El Niño más devastadores que ha registrado la historia se dieron en los años 80. Para el caso del sector eléctrico, entre 1985 y 1987 se dañaron, se inundaron o cayeron abajo muchas torres.
¿Las empresas eléctricas estaban preparadas para afrontar ambos retos? ¿Contaban con el material humano necesario?
Estas exigencias originaron que los trabajadores se especializaran. Había frecuentes convocatorias a trabajadores que se habían vuelto expertos en levantar torres en el menor tiempo posible. No en semanas, sino en días. Porque así lo requería el servicio. Las ciudades como Lima no podían quedarse sin energía eléctrica y había trabajadores esforzándose en zonas inhóspitas.
¿Eso quiere decir que hubo electricistas que aprendieron sobre la marcha?
Así es. Al punto que por la experiencia que se ganó nos convertimos en expertos en Sudamérica. Colombia, por ejemplo, en algunas oportunidades requirió expertos en el retendido de líneas de transmisión de torres de alta tensión, porque también sufrió atentados por los grupos subversivos y para allá viajaron varios técnicos e ingenieros, para darles alcances sobre la experiencia en nuestro país.
Entonces, prácticamente se crearon nuevos profesionales.
No solo eso. En esa época hubo mucha interrelación entre los linieros (trabajadores que tienden líneas de transmisión entre torres) y las comunidades andinas con las que había que dialogar, porque ellos justamente conocían el terreno. Incluso había grupos de linieros que pertenecían a determinados pueblos. Se decía que de estos salían los más diestros linieros, porque podían subir a las punas y llevar cargas a lomo de bestia, que era como antes se armaban las líneas de alta tensión.
Era una tarea titánica.
Y más aun si se considera que el Perú es una tierra de contrastes. Tiene todas las geografías, y por todas ellas tienen que tejerse las líneas de transmisión eléctrica. La tecnología debía adaptarse porque no es lo mismo tender una línea en la costa que una en la sierra, los efectos de la electricidad que circula por esos cables son diferentes.
¿La era del terror en qué medida ha marcado la vida de los trabajadores del sector eléctrico que la vivieron?
Ha quedado como una fuerte huella. Por más anécdotas hermosas y bonitas que haya tenido el sector eléctrico a lo largo de su existencia, las vivencias en la década trágica han quedado impregnadas en las retinas y serán difíciles de borrar. Son historias fuertes. En mi investigación quisimos matizarlas con testimonios propios, no bajarles el tono ni ignorarlas. Muchos vieron compañeros fallecer en el camino de esta historia, trabajadores que fueron amenazados, incluso asesinados. También vieron volar las torres que semanas antes habían vuelto a levantar y sentían impotencia al ver que su trabajo, su esfuerzo, era destruido.
Pero estos trabajadores no figuran en la historia oficial de la década del terror.
Lo que sucede con la electricidad es que como es un servicio público, cotidiano, continuo, que debe ser entregado al usuario siempre, hace que pasemos por alto el esfuerzo que está tras ello. Nosotros solo hacemos clic y prendemos la luz de nuestro cuarto, enchufamos el televisor y podemos disfrutar de la tecnología, pero atrás de eso hay mucho trabajo.
Las grandes obras se asocian a accidentes. ¿En el caso de la transmisión también sucedió?
La mayor cantidad de accidentes se dio en la década trágica. No las hemos contabilizado, pero están asociadas principalmente a las condiciones extremas en que trabajaban los obreros. Acuérdese que era un momento de mucha exigencia, porque había momentos en que a diario se volaban dos o tres torres para poner en jaque a Lima. Sin embargo, la década trágica en el sector eléctrico se refiere sobre todo a las pérdidas que sufrió el Estado, las empresas eléctricas y de cómo el Perú retrocedió en su historia por la falta de energía que nunca llegaba a la ciudad, a las industrias, o a los sectores que la necesitaban.
¿De cuánto fueron las pérdidas materiales?
Fueron aproximadamente de US$1.000 millones.
¿Este paréntesis en la historia de la electricidad se ha logrado superar?
Creo que sí, en la medida en que se han retomado las inversiones en el sector eléctrico en los últimos años y se intenta expandir el servicio.
De otro lado, su investigación histórica resalta que a solo cuatro años de que Nueva York tuviera electricidad, Lima --a diferencia de muchos países latinoamericanos-- también empezó a disfrutarla .
En 1882 se instaló en Nueva York la iluminación eléctrica y en 1886 llega la electricidad a Lima. Pero en realidad aquí ya había empresarios y personajes que habían experimentado la electricidad. Lo que pasa en 1886 es que se firma el primer contrato de concesión para llevar electricidad de una manera masiva. La electricidad pasa de ser un experimento de laboratorio a ser un fenómeno útil y masivo. En estos primeros tiempos la electricidad era solo postes de madera con cables desnudos pasando por Lima. Lo curioso es que ese mismo año se produjo el primer apagón en Lima.
La sociedad peruana es muy renuente a los cambios. ¿Cómo se tomó en ese tiempo la llegada de este servicio?
La resistencia duró mucho tiempo. El empresario que ganó la concesión solo colocó bombillas eléctricas en algunas calles de Lima, como el Jirón de la Unión, Carabaya y la Plaza de Armas, pero de ahí a que llegaran a las casas, de que la novedad se hiciera pan de cada día, tomó un largo tiempo, cerca de 20 a 30 años. Hasta ahora no logramos incluso que toda la población tenga electricidad.
LA FICHA
Nombre: Neydo Hidalgo.
Profesión: Historiador.
Edad: 36.
Situación familiar: Soltero.
Cargo: Director del Museo de la Electricidad de Electro-Perú.
Otros cargos : Miembro del Instituto Riva Agüero y secretario ejecutivo del Comité Peruano de Conservación del Patrimonio Industrial (Copecopi).