EDITORIAL
Dos principios claves de este mundo globalizado son la internacionalización de la justicia y la imprescriptibilidad de los delitos de violación de los derechos humanos. Estos son los pilares que sustentan, al menos en la parte formal, la grave denuncia de una jueza italiana que acaba de abrir proceso y pedir la extradición del ex presidente de facto Francisco Morales Bermúdez y del ex comandante general del Ejército y ex primer ministro Pedro Richter Prada.
El caso forma parte de un gran proceso que involucra a 139 personas de siete países latinoamericanos que habrían cometido crímenes contra opositores políticos dentro del llamado plan Cóndor, ocurrido en la década de los 70 y principios de los 80. Sin embargo, salvo los titulares periodísticos, hasta la fecha no hay una notificación ni mucho menos el envío del cuadernillo de extradición para conocer en detalle la magnitud o exageración de los cargos, que básicamente se originan por la deportación del Perú en 1980 de tres montoneros argentinos; de ellos, una apareció muerta y los otros dos desaparecieron.
Frente a esta laguna informativa, una primera reflexión que genera el caso es la disposición colaboradora tanto de Morales Bermúdez como de Richter Prada. Incluso, merece destacarse la respuesta del primero, quien, junto con anunciar que se pone a derecho, asumió sin ambages su responsabilidad política en su condición de jefe de Estado de entonces. Una lección para otros militares que no tienen la dignidad mostrada por este jefe castrense.
Un elemento que tendrá que ser tomado en cuenta es que precisamente el Perú no habría sido parte del plan Cóndor, como lo ha señalado testimonialmente el ex canciller José de la Puente Radbill y otras investigaciones académicas y periodísticas.
Ahora bien, es vital que en Italia se respete las garantías del debido juicio y queda en manos de los tribunales peruanos --y preferiblemente no de los políticos-- evaluar la solidez del pedido de extradición. Nuestra justicia, con todos sus bemoles, va dando muestras de saber afrontar los juicios más polémicos y complejos.