EDITORIAL
Después del desastroso legado de la reforma agraria, que generó tanto minifundio poco productivo y nada rentable, una alternativa para los miles de campesinos de la sierra es la asociatividad. Como bien ha precisado el ministro de Agricultura, Ismael Benavides, la asociación de los agricultores en una sola unidad productiva les permitirá hacer compras en conjunto de fertilizantes e insumos, negociar en bloque con un comprador y de ese modo lograr mejores condiciones para su cosecha. Estas son fórmulas que han encontrado éxito en Holanda, Francia e Israel.
Queda claro que en la sierra sí es además necesaria una mayor labor promotora y facilitadora del Estado, a diferencia de la costa, donde el crecimiento de la agroindustria es exclusivo mérito de la pujanza del inversionista privado.
En las zonas altoandinas se necesita más carreteras, medidas que atraigan a los empresarios y mayor asistencia técnica. Ese será el mejor inicio de una campaña a favor de la competitividad en la sierra, en especial ahora que se viene el TLC con Estados Unidos.