Por: Juan Paredes Castro |
En el año que se inicia hoy Alan García tiene una sola gran tarea, que bien podría bastar y sobrar en sus funciones como jefe del Estado.
Se trata de aquella destinada a impulsar un giro de 180 grados en la actitud y desempeño de la administración estatal, con la obligación de volverla proba y eficiente.
Si esta es la madre de la agenda gubernamental del 2008, sus tareas tendrían que ser estas:
1) Que definitivamente los roles de García y de su primer ministro Jorge del Castillo estén marcadamente diferenciados. El primero no mucho más como jefe del Estado y el segundo no menos que jefe de Gobierno.
2) Que las viejas estructuras burocráticas por debajo de ministros y viceministros sean severamente evaluadas y, si es posible, removidas, para adecuarlas a una moderna gestión por resultados. Los sectores del Interior y de Transportes y Comunicaciones deben ser los primeros en la lista.
3) Que el sistema de compras del Estado deje de ser una experiencia traumática irremediable para convertirse en la vara de medir hasta qué punto la voluntad política está dispuesta a romper huevos para hacer tortillas. Por lo pronto, ha pasado un año sin poder comprar patrulleros, al punto que nos los va a regalar Corea del Sur.
4) Que la convocatoria a más inversiones venga con una rebaja de más de la mitad del actual número de trámites administrativos y legales para la creación de empresas y su puesta en funcionamiento. Una razón más por la que abundan abogados, ventanillas y corruptelas.
5) Que se levanten las actuales barreras salariales y de contratación en el Estado para hacer de este no una agencia de empleos del partido de turno, sino un ámbito laboral meritocrático, atractivo y competitivo.
6) Que las políticas y prácticas de gasto fiscal alcancen estándares plenos de eficiencia y control, después de la nefasta experiencia de muchas presidencias regionales de acaudalados ingresos y empobrecidas gestiones.
7) Que la Oficina Nacional Anticorrupción se convierta de veras en la perseguidora eficaz de los desbalances patrimoniales. Posiblemente no tenga tiempo para ocuparse de otras cosas.
8) Que la defensa legal del Estado no vuelva a dar vergüenza nunca más. Se necesita procuradores con remuneraciones más dignas y seriamente comprometidos en ganar juicios en lugar de perderlos.
9) Que el Gobierno vea en las presidencias regionales y alcaldías a poderes electos que son parte del Estado y de la solución, y no siempre parte del problema.