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¿QUÉ PASARÁ CON NUESTRO MEDIO AMBIENTE?

Un antes y un después del TLC

Por Patricia Iturregui .*Abogada

¿Qué tiene que ver la protección ambiental en un acuerdo comercial? ¿Por qué existe un capítulo ambiental en el TLC con Estados Unidos? Debemos ver las dos caras de la moneda. Por un lado, se trata de la competitividad y por otro lado se trata del interés social-público.

Estados Unidos ha invertido en tecnologías limpias, reglamentaciones, instituciones de control ambiental. El Perú no. Eso se refleja en los menores precios de los productos peruanos. Si vemos el origen de las regulaciones ambientales de la Unión Europea, podemos encontrar que el mercado común implicó integrar las reglamentaciones ambientales por razones estrictas de competitividad de productos. Ciertamente, los países escandinavos tenían estándares altos y los países del sur de Europa no. La Unión Europea estableció reglamentaciones "promedio" expresadas en la forma de directivas que luego se cumplieron a nivel nacional. Las empresas de producción más limpia ganaron competitividad respecto de las otras.

Guardando las distancias, algo similar sucederá en el Perú: se invertirá en la protección ambiental para evitar la competencia desleal. Por esto, la gestión ambiental en el Perú tendrá un antes y un después con el Acuerdo de Promoción Comercial con EE.UU., popularmente conocido como el TLC. En términos más simples, su capítulo ambiental obliga al Perú al cumplimiento efectivo de la legislación ambiental, con vigilancia pública e internacional. Si esto no sucede, en el peor escenario, se puede llegar a una sanción de hasta 15 millones de dólares. Para que esto no ocurra, el Acuerdo de Cooperación Ambiental permitirá un tránsito suave hacia la nueva situación del país en materia de gestión ambiental.

El presidente, pues, nos regala el importante anuncio de un ministerio del ambiente.

Ahora veamos la otra cara: el interés social y público. La falta de un ministro en el tema se refleja en un par de detalles que serán superados: uno es el reglamento de estudios de impacto ambiental que tiene más de cinco años meciéndose en las oficinas de la PCM, y el otro son los estándares de calidad del agua y los límites a los efluentes pesqueros, que tiene apenas ocho años de estar pendiente, para no mencionar que teniendo el Perú unas 200 ciudades intermedias solo tiene unos ocho rellenos sanitarios, o que la deforestación no cuenta con una política de Estado que la contrarreste. Los aspectos ambientales de los megaproyectos de inversión requieren de una coordinación técnica competente que prevenga conflictos y garantice la protección ambiental.

Se trata de un buen regalo, ya que muchas instituciones lo habían pedido de una u otra forma: la Cancillería, el Congreso, la Defensoría del Pueblo y, claramente, la opinión pública conocedora de la dispersión institucional para aplicar las medidas necesarias. Los más pobres sufren más las consecuencias de la contaminación ambiental y el deterioro de los recursos naturales. La contaminación no debe ser gratuita y debe el Estado defender el interés general. De paso, el Perú será un país más competitivo. Que empiece el debate público, a todos nos interesa.

* EX NEGOCIADORA DEL CAPÍTULO AMBIENTAL DEL TLC

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