Juan Cárdenas Flores se consagró recientemente en la famosa feria del Santuranticuy como el más destacado de todos los artistas cusqueños en el 2007. Esta es su historia
Por Renzo Guerrero De Luna
Llueve en la plaza de San Blas. Es normal en estas fechas del año. Los artesanos que suelen instalarse en este lugar para vender sus trabajos comienzan a recoger todo. Juan Cárdenas Flores, no. Él decide tapar con unas bolsas de plástico su reducido estante y paraguas en mano continúa de pie, siempre tratando de ganarse la vida.
Por estos días es la celebridad del barrio: ganó el Santuranticuy, la feria artesanal más importante del Cusco, que lo consagra como el artista del 2007. Sabe que fue un galardón duro de roer, ya que postuló más de 20 veces. Lo festeja, pero no por ello se cruza de brazos. No. Juan sigue vendiendo. Sigue adelante buscando el más valioso de los premios: la sonrisa de un cliente cada vez que le compra una de sus pequeñas obras de arte.
Cuando le informaron que había ganado el premio del Santuranticuy, su esposa Zoila se puso a llorar. Quizá por el honor que eso significa. Tal vez porque le compraron a US$1.500 el trabajo con el que fue galardonado. Quién sabe. Lo cierto es que lloró de alegría.
Juan cuenta ese momento y también se emociona ya que pasó muchos días trabajando en el premiado "Niño Manuelito vestido en traje de plata".
"Sabía que era un trabajo ganador y no lo digo menospreciando a los demás. Por el contrario, me dediqué mucho para que así sea", sostiene y se le escapa una sonrisa mientras observa otro traje que viene realizando. "Este será mejor", sentencia y se ríe el ahora maestro de la plata.
Pero los premios no son su debilidad. Todo lo hace por amor al arte, comenta el maestro.
Podría sonar una frase repetida y sin sentimiento, pero cuando sale de sus labios toma la verdadera dimensión que merece. Y es que verlo sentado en esa banquita en su taller Qollqe Wasi (Casa de la Plata), con esas máquinas inventadas por él y otras compradas con el paso de los años, crea un ambiente nostálgico y genuino alrededor de esas imágenes de Cristo y la Virgen, y esos santos grises de plata.
Cuando dice que sobrevive de este negocio se le cree. Su casa y su taller y su oficina miden 28 metros de ancho por 4 metros de largo, con tres pisos de alto. Es aquí donde se genera la creatividad en pleno y en la que participan su esposa, su cuñado, su primo, algunos trabajadores y su perro Rambo. Sin la presencia de todos, nada funcionaría. Y de eso también vive agradecido: el apoyo constante de los suyos lo han hecho cada vez más grande.
En San Blas es de los personajes más respetados, más que algunos otros que se hacen llamar maestros y que hace mucho no dan cátedra. Es el presidente de la Asociación de Artistas y Artesanos de San Blas y el abogado defensor --estudió para serlo-- de las causas imposibles y de los indefensos. Por ambas ocupaciones recibe en pago muchos agradecimientos y miles de sonrisas. Eso lo hace totalmente feliz.
"Nací en San Blas y aquí moriré, haciendo cosas por este barrio que me dio tanto y al que aún me falta retribuir. Ojalá Dios me dé las fuerzas para poder hacerlo", afirma el artesano de moda en Cusco, mientras la lluvia golpea sus manos llenas de sabiduría.
Los rincones donde se ubica al artista
Juan Cárdenas tiene 56 años, una esposa y dos hijos. Todos involucrados con el arte. Si desea ver su trabajo no tiene más que ir los sábados a la tradicional Plaza de San Blas, ubicada en el corazón de la Ciudad Imperial del Cusco y preguntar por él.
Casi siempre lo buscan coleccionistas, pero también hace trabajos para exportar y para vender al por menor.
De no estar en ese rincón, lo pueden buscar en su casa en la Calle Pumapaccha 634, San Blas.
También pueden llamarlo al teléfono (084)-229701 o enviarle un correo electrónico al: qollqewasi@hotmail.com.