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ANÁLISIS ECONÓMICO

Nada de eso fue un error

Por Fritz Du Bois

Como una forma de buscarle tres pies al gato del crecimiento, hay una corriente que da como hecho que este período de expansión no nos llevará al desarrollo y se repetirá el desperdicio del auge del guano. Al margen de que el Perú y el mundo ya no se parecen en nada los de entonces, por lo que la teoría es poco válida, es cierto que un país que no aprende de sus errores los repite, peor si se niega incluso a reconocer que los cometió. Pero para evitarlos es más concreto mirar atrás 20 y no 150 años.

En primer lugar, nuestro país requiere tener siempre un gran proyecto en marcha. Sin embargo, todavía este gobierno no cuenta ni con una política ni con un facilitador para acelerar definiciones de inversión. Por ello, los siete proyectos mineros de talla mundial por desarrollar que tenemos siguen esperando una decisión final. Recordemos que en los 80 primó la demagogia y Camisea sufrió 16 años de postergación, costándole ese tiempo perdido a cada peruano 420 dólares de ingresos potenciales desperdiciados y que nunca recuperarán.

En materia de empleo, el 96, con facultades delegadas, se redujo el sobrecosto laboral, sin embargo, laboralistas y sindicalistas protestaron, a alguien le tembló la mano y vía fe de erratas (¿habrá sido eso legal?) cambiaron medio sueldo de compensación por sueldo y medio. Crearon así aún más rigidez y aseguraron que el 120% de aumento en el PBI per cápita de los últimos 15 años no haya beneficiado mayormente al trabajador subempleado, y se haya ido a la informalidad, ya que en ese período el empleo formal estuvo prácticamente estancado.

De otro lado, una reforma educativa se vio obstaculizada por consideraciones electorales y sindicales de una congresista. Es bueno recordar que en el 92 se dio una ley que transfería la educación a la comunidad (padres de familia), con lo que se hubiera podido repetir a lo largo y ancho del país el éxito de los colegios de Fe y Alegría. Sin embargo, el ministerio y el sindicato se aliaron para no perder control y la iniciativa abortó. Hoy, 15 años mas tarde --y con otra generación perdida-- nuestra educación pública no puede ser peor.

Sedapal estuvo el 94 a dos semanas de ser concesionada pero el proceso se canceló por cálculo electorero, hoy todavía tenemos al 20% de los limeños sin acceso completo a agua, desagüe y saneamiento.

Los puertos también figuran en el capítulo de búsqueda de votos sin importar el costo. A fines del 2000, la noche anterior a la concesión de los puertos regionales, el sindicato de Enapu --vía Doris Sánchez-- logró que el Congreso cancele el proceso, asegurándoles el puesto a 169 de sus miembros. Como consecuencia de ello, la exportación ya no puede seguir creciendo porque hay un cuello de botella atroz ante la falta de inversión. Peor aún, la falta de alternativas a un saturado Callao hace que el 85% del comercio exterior esté a la merced del Sr. Negreiros, cuyos estibadores entran en huelga sin importarles el daño, como en la reciente, costosa y prolongada paralización.

Finalmente, también causa preocupación el salto en inflación, y no es ningún consuelo la explicación de que es una de las menos altas de la región. Incluso recordemos que hace 20 años también se dijo que la hiperinflación era un fenómeno continental. Por ello, al igual que en los errores causados por falta de convicción o por evidente cálculo electorero, en este caso --guardando los 3 dígitos de diferencia-- tampoco podemos olvidar la lección. Antes de que broten expectativas inflacionarias hay que matarlas de plano. Para solucionar un tema tan delicado no hay exceso malo.

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