No se cumplió con elevar el número de socorristas en la cantidad anunciada. Municipalidades y empresas podrían jugar papel activo en cuidado de bañistas
Por Iván Herrera Orsi
Cecilia, delgada y de 25 años, pisa la arena de una playa de Barranco que se llama Los Delfines, aunque está plagada de malaguas. Hasta hace poco, antes de hacer el curso de preparación, trabajaba en tareas administrativas en la Sanidad de la policía. La mayoría de sus compañeros, en cambio, proviene de las fuerzas antimotines. La Unidad de Salvamento Acuático está insertada en la Unidad de Servicios Especiales Sur y sus agentes resguardan los estadios durante los peores partidos de fútbol, cuando el frío nos hace olvidar el mar. "En invierno soy el malo; en verano, el bueno", bromea el mayor Alfredo Morante, jefe de operaciones de esta dependencia.
Al parecer, por su poca experiencia, Cecilia está asignada a esta playa relativamente tranquila, donde queda la sede de la Unidad de Salvamento Acuático y donde la acompañan agentes de mayor peso y recorrido. Nos han explicado que a los salvavidas los distribuyen según su estado físico, su trayectoria, sus dotes de nadador y las condiciones del mar.
Cuando todavía se encargaba solo de la seguridad en Lima, el general Octavio Salazar --actual director de la policía-- anunció que, esta temporada, los salvavidas serían 690 y no 500, como en años anteriores. Sin embargo, no son tantos. Según una fuente policial, en las 90 playas entre Huacho y Cañete hay unos 480 salvavidas. A estos se suman los que prestan servicio en 35 piscinas y los que desempeñan labores de apoyo.
En total, ha habido un incremento de unos 40 hombres más respecto de la temporada pasada. En algunos balnearios de aguas agitadas, como playa Arica, en Lurín, se ha duplicado el personal: los domingos, una docena de salvavidas trata de que el océano no reclame sus presas. Pero el número parece corto ante la extensión de terreno que tienen que cubrir.
Cuando uno conversa con ellos percibe cierto respeto supersticioso por el mar. Las olas pueden levantarse sin aviso y jalarse a alguien. Al mayor Morante --complexión atlética, cabeza rapada-- le acaban de informar que un bañista ha desaparecido en Lurín. "Seguro que ahora el mar ya está tranquilo", dice, antes de dar indicaciones por teléfono. Poco antes, un colega suyo ha mencionado eso de que el mar es mujer; y lo dijo con cierta seriedad, sin entrar en detalles. Las clases sobre corrientes marinas y oleaje que llevan en el programa de preparación les ayudan a no perderse en los estados de ánimo del Pacífico.
También les ayudan sus equipos; sin embargo, estos necesitan ser renovados. Lo advierte Luis Hermoza, presidente de la Asociación de Salvavidas Voluntarios del Perú, un policía en retiro que, luego de dejar la Unidad de Salvamento Acuático, se ha dedicado a formar socorristas por su cuenta.
El propio personal de la unidad lo reconoce. Faltan boyas de auxilio, las que usan tienen casi una década de antigüedad y deben ser cambiadas por otras más ligeras. Las tablas de rescate de las que disponen sirven, pero son de fibra de vidrio mientras que el material recomendado es algo parecido a la espuma. Tienen 17 motos náuticas, pero son de paseo, no de rescate: debieran tener una colchoneta adosada a la parte de atrás. No hay suficientes binoculares. No tienen aletas, ni cuatrimotos. Si la playa es larga, no queda más remedio que correr los 300 metros que hagan falta, antes de nadar otro tanto y alcanzar a la víctima. "Salvamos vidas aun con las limitaciones de recursos", subraya Morante.
La escasez de fondos obliga a los socorristas a tomar una coaster en la carretera para llegar a su centro de trabajo y pagar el pasaje de su propio bolsillo. Ellos mismos compran el bloqueador solar y los lentes de sol. Hay quienes han pedido que no los incluyan de nuevo en el escuadrón preocupados por las enfermedades de la piel.
MAYOR PARTICIPACIÓN
En la playa Redondo, de Miraflores, la municipalidad del distrito ha inaugurado una torre de salvataje amplia, de madera, estilo "Baywatch". Un par de salvavidas aguardan allí, pero los dueños de casa son unos serenos, entrenados en salvataje, que cuentan con boyas, largavistas modernos y hasta cuatrimotos.
Ellos actúan en apoyo de la policía, insiste el alcalde de Miraflores, Manuel Masías, aunque la Unidad de Salvamento Acuático está esperando que el concejo se acerque a coordinar con ella.
¿No podrían las municipalidades adoptar un papel más activo en la protección de los bañistas? De hecho, Luis Hermoza afirma que en la mayoría de países este servicio está en manos de los municipios, los cuales suelen contratar civiles que han llevado cursos de entrenamiento. En el Perú la policía asume esta tarea, pero por tradición, no por un mandato legal.
También podría jugar un papel importante la empresa privada. Hoy una compañía de seguros provee los uniformes y las torres de vigilancia, pero ya hemos visto que no es lo único que hace falta.
Se ha rescatado a 151 personas
Para la Policía Nacional, la temporada arrancó el sábado 22 de diciembre y hasta el momento el mar se ha cobrado, por lo menos, dos víctimas en Lima. El 1 de enero se ahogó un adolescente de 14 años en el balneario de Santa María y al día siguiente una menor de 13 desapareció en la playa Arica. Hasta el cierre de esta nota el mar no había devuelto su cuerpo.
Aunque se trata de noticias lamentables, son muchas más las tragedias que lograron evitarse. Solo en el feriado de Año Nuevo fueron rescatadas 78 personas que corrían el riesgo de ahogarse. Entre el 22 de diciembre y el 2 de enero, el número asciende a 151.
Si uno observa las estadísticas del último verano (ver gráfico) y de años anteriores, comprobará que la mayor cantidad de rescatados corresponde a varones adultos. En la playa, el alcohol es mala compañía; la temeridad, también. Por impresionar a alguna mujer o demostrar habilidad o valentía ante los amigos, muchos desafían la furia de las olas, a menudo con muchas cervezas encima. Y si el alcohol causa accidentes en las pistas porque afecta la concentración y los reflejos, igual ocurre en el mar.
"Lo difícil no es entrar sino salir", remarca un salvavidas con cuatro años de experiencia.
Al comenzar la jornada, los salvavidas levantan una bandera que indica la braveza de la playa, y van cambiando de bandera durante el día, según la evolución del oleaje. Pero demasiadas personas no respetan las señales.
Tal vez haya que aprender de la experiencia que cuenta Luis Hermoza: "En España, cuando un borracho entra al mar y no quiere salir, lo sacan entre dos, lo entregan a la policía y pasa un día en el calabozo".
RECOMENDACIONES
4No se aleje de la orilla. Nade en forma paralela a la playa.
4Evite ingresar al mar luego de haber comido. Sobre todo, no ingrese después de haber consumido alcohol o drogas.
4No nade en zonas rocosas ni donde sepa que existen corrientes marinas.
4Tampoco nade en zonas de tránsito de embarcaciones, donde se corre olas o donde se practiquen deportes náuticos.
4La Unidad de Salvamento Acuático advierte que no es aconsejable ingresar al mar con colchonetas u otros artículos inflables.
4Si lo arrastra la corriente, mantenga la calma. Procure flotar mientras trata de llamar la atención con señales de auxilio.