CARMEN MASÍAS. ES LA PRIMERA LATINOAMERICANA EN RECIBIR EL PREMIO WORLD OF CHILDREN, MÁS CONOCIDO COMO EL NOBEL DE LOS NIÑOS, QUE SE ENTREGA DESDE HACE 10 AÑOS CON EL APOYO DE UNICEF
Este es un premio a la obstinación de Carmen Masías por lograr el bienestar de niños y adolescentes que generan miedo en las calles, porque se han entregado a las drogas, a las peores formas de trabajo infantil y a la delincuencia. Los tres albergues de Cedro en Lima, fundados por Carmen, son el mejor ejemplo de la recuperación de estos chicos. Ahí reciben amor y protección y se les instruye para que puedan valerse por sí mismos cuando lleguen a la edad adulta.
¿Qué tan difícil fue captar niños al principio? ¿Desconfiaban de sus intenciones de llevarlos a un albergue donde guarecerse?
Sí, al principio fue terrible. Hubo un trabajo muy intenso de búsqueda en la calle, desde las 11 de la noche hasta las 3 de la mañana, pero ahora la captación es un poco más fácil, porque ya tenemos buena fama y los propios chicos se pasan la voz.
¿Qué lleva a un niño a escapar de su casa?
Me encantaría afirmar que es la pobreza extrema la que expulsa a un niño de su casa.
Pero es...
El maltrato, el abuso sexual, la negligencia. Son chicos que sienten que sobran en sus casas. Al llegar a nuestros hogares se dan cuenta de que no se les maltrata, se les da afecto y libertad. De hecho, pueden irse cuando quieran, pero si se quedan tienen que cumplir reglas.
¿Qué cosas les cuesta más aceptar de los albergues?
Curiosamente, llevar un régimen saludable de alimentación. En la calle les dan comidas rápidas, sobras de restaurantes y cuando vienen con nosotros reclaman mucho porque entran al régimen de las lentejas y ese tipo de comidas. Además, la mayoría tiene hábitos de higiene nulos. Entonces, hay que ir modificando la conducta.
Debe ser complicado, porque ya es difícil llevarle la contra a cualquier niño que vive en un hogar bien formado y recibe todos los cuidados necesarios.
Es muy complicado, por supuesto. Hay en ellos --y es totalmente normal-- una rebeldía contra un sistema que los ha reprimido y maltratado.
Ellos tienen una casa de origen. ¿En algún momento tratan de averiguar ustedes dónde está para que mantengan contacto con sus familias?
Sí, hay un trabajo con asistentas sociales, psicólogos y con las familias de origen.
¿Los llegan a reubicar con sus familias?
A veces. Se trabaja con las familias de origen para modificar conductas y evitar que maltraten a los niños, pero es difícil. Encontramos padres abusadores, incestuosos o la madre en la cárcel. En fin, historias tremendas.
¿Cuánto cuesta mantener estos albergues?
Todo el programa cuesta como US$90 mil al año. Esto incluye las tres casas con educación, vestimenta, salud, alimentación, preparación para el trabajo. No es costoso, realmente. Lo que nos gustaría es transferir el 'know how' a los gobiernos locales para que estos asuman este tipo de programas. No nos interesa tener 100 casas, sino instalar este programa en diferentes lugares.
¿Qué ha sido lo más gratificante de este trabajo?
Cuando un chico sale, sientes que es una vida que se ha rescatado, que no va a terminar en una cárcel. Tampoco podemos pensar en grandes universidades ni nada de eso, pero sale un joven que ha experimentado el amor y tendrá una vida digna. Y es alentador ver que estos niños que han sufrido tanto no pierden su manera bonita de mirar el mundo.
¿Y qué ha sido lo más difícil?
Hay dificultades de todo tipo. Una vez, una entidad que nos daba alimentos nos dijo de pronto que se le acabó el presupuesto y que al día siguiente no enviaría más alimentos. Entonces hubo que llamar a una red de amigos para cubrir el bache, porque no puedes dejar a los chicos sin comida, ¿no? Desde eso hasta chantajes de la peor especie. Por ejemplo, necesitábamos operar a un niño con un problema neurológico. Hicimos todos los trámites y poco antes de la operación aparece el padre después de tres años de ausencia para pedirnos dinero a cambio de la operación. Esto terminó bien, felizmente, pero hay dificultades a diario.
¿Qué ha aprendido en todos estos años de trabajo con niños y adolescentes?
Bueno, yo sigo aprendiendo, este es un país que te sorprende para bien y para mal todos los días.
EL TRABAJO
4En los tres albergues que tiene Cedro en Lima viven unos 75 niños y adolescentes en total. Todos ellos dormían en las calles anteriormente.
Carmen Masías piensa en la posibilidad de que en un futuro cercano se puedan fomentar pequeños ingresos económicos para las familias de niños trabajadores, para reemplazar el trabajo del menor y generar ese ingreso que lleva al hogar.
Muchos de estos niños consumían pegamento, pero lo dejaron fácilmente al encontrar comida, afecto y calor de hogar.