Por Antonio Orjeda
Juan Antonio recuerda esa foto en la que sale en una 'bici' con rueditas a los costados, pero no sale quien le enseñó a manejarla. "Quizá mi papá". Lo que sí tiene claro es que a los 12 años, solito, armó una que le duró años. Pedaleando llegaba a sus partidos de la Adecore. Era defensa del María Reina. Lo suyo era la pelota, pero, por la chamba --y la dificultad para armar un once contra once-- terminó dedicándose a deportes más individuales.
Jugando squash terminó sobre una bicicleta de montaña.
"Empecé por curiosidad y me fue gustando". Su perspectiva cambió: lugar al que iba, veía primero si ahí podría montar. Lo ha hecho en las tres regiones del país. En Lima, en una ruta de Pachacámac, Juan Antonio sufrió su más brava caída.
"Ya la había hecho varias veces. Esa ruta tiene un par de bajadas impresionantes, y cada vez tratas de soltar más los frenos; pero ese día había llovido. El terreno era un jabón. En una de esas se me fue la bicicleta y al jalarla para no irme al precipicio, le di a una roca inmensa y salí eyectado".
Voló cinco metros. La bicicleta le pasó por encima. Se dislocó el hombro.
Jamás ha quedado inconsciente, afirma (y, por si acaso, toca madera).
¡A LA AVENTURA!
Camino a Huaraz está Chasquitambo. De allí nace una serie de rutas solo para avezados, y para llegar, Juan Antonio y el resto del ejército parte en bus de Lima a las 5:30 a.m. La mejor de todas, sin embargo, está en Santo Domingo de los Olleros, en la sierra limeña, a 3.300 m.s.n.m. Del bus baja una veintena de bicicletas que inicia un brutal descenso hasta San Bartolo. Sí, hasta la playa.
"Hay trayectos en los que la pendiente es tal que hace que se te recalienten los frenos y tienes que frenar con 40 metros de anticipación porque agarras bastante velocidad".
Dos veces al año, Diana, su mujer, no sabe de él durante todo el fin de semana. Juan Antonio se pierde con su mancha. Se van a pedalear. "A veces llegamos a pueblos con un solo hotel. Es bravo, porque después de seis horas de montar lo que más quieres es una ducha caliente, una buena comida y una buena cama; y a veces no tienes ninguna de las tres (ríe)... ¡Por eso lo hago solo dos veces al año!"...
Eso sí, nadie podrá decir que Diana no lo intentó. Solo que la vez que él la llevó a hacer una ruta, terminó en una acequia y juró nunca más intentarlo. Bueno, la verdad es que Juan Antonio también ha dejado de bicicletear. Ocurre que desde hace tres meses son papás y, ahora, "los fines de semana se nos pasan volando".
Al pedalero de montaña le advertimos que ha cambiado de deporte de aventura y él lo reconoce. "¡Solo que este cansa más que la bicicleta!", y ríe...