Por Fernando Vivas
Ya conocemos los ingredientes y la sazón de Eduardo Adrianzén: los sueños arribistas de la clase media, las veleidades y el 'todo vale' moral de la gentita de la pantalla, las madres omnipotentes, los padres inútiles, los hijos angurrientos. Como ven, es un noble combo, pero la salsa que lo baña es tosca, empalagosa, homogeneizante y obliga a los personajes a caricaturizar en demasía el tipo social que representan, los limita a reaccionar ante giros efectistas antes que afirmar sus propias convicciones, los relaciona y estructura entre sí de forma tan cerrada que les quita vuelo. Hasta los hace habitar el mismo barrio y mezclar sus historias familiares como si Lima y la telenovela no estuvieran abiertas a la imaginación dramática.
Esta impresión viene a cuento del primer capítulo de "Sabrosas" (Frecuencia Latina, de lunes a viernes a las 9 p.m.). La historia tiene un claro derrotero: cuatro ex vedettes, hoy serenas amas de casa (Patricia de la Fuente, María Alicia Pacheco, Tatiana Espinoza y Natalia Montoya) se animan a hacer un comeback. Buen plot, suerte de 'full monty' de profesionales entre la apática nostalgia y las ganas de adaptarse al retorcido mundo bamba en el que brilla la nueva vedette Sherry Beltrán (Sandra Arana, en horrorosa parodia de nuestras féminas de portada chicha) que me hace anhelar que en sus próximos capítulos tenga diálogos y situaciones más naturales y no tan indicativos como los que he lamentado en esta primera hora.
Por ejemplo, me gustaría que la decisión de cada sabrosa de volver a las tangas, aunque sea para colgarlas, no se redujera a la necesidad de compensar su golpeada economía, sino a la convicción de que el mundo aún les puede pertenecer. Allí es donde hace falta escritura fina que, sin abandonar el humor, las sorpresas ni los comentarios irónicos sobre la propia TV, coloque a las protagonistas en situaciones más complejas.
El cásting tiene una limitación generacional. Son mujeres aún jóvenes forzadas al reblandecimiento. La escasa edad de las protagonistas les da un no buscado toque de inmadurez. Quizá dentro de unos años estén más sabrosas.