LA ESTUPIDEZ NO TIENE NACIONALIDAD NI COLOR POLÍTICO. Una prueba de esta aseveración, que puede sonar muy dura, vino ayer con un cable noticioso proveniente de Roma. Resulta que en uno de los distritos de la Ciudad Eterna sus concejales comunistas y de derecha se unieron para aprobar que se habilite un transporte escolar exclusivo para niños gitanos, a fin de que estos no se junten con los italianos.
Sí, como lo lee. Una norma a todas luces discriminatoria y con evidente tufo racista que ha merecido fuertes críticas, pero que ya entró en vigencia y que --a decir de sus promotores-- se justifica por los pleitos que había entre los estudiantes cuando estos viajaban juntos.
Esto nos recuerda la época cuando en Estados Unidos las personas negras no podían utilizar los mismos servicios públicos que las blancas. O sin ir muy lejos, cuando en algunos restaurantes y discotecas del Perú no se permite el ingreso de clientes por su apariencia física.
Indigna saber que en la era de la globalización y en la que la Internet rompe fronteras haya gente que mira a otra como seres de distintos derechos.
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