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ANÁLISIS ECONÓMICO

Carta sin intención

Por Fritz Du Bois

Durante décadas, el Fondo Monetario Internacional fue satanizado por la demagogia y siempre intentaron darle a la carta de intención, que contiene el programa anual, un aura de conspiración y perversión. Cuando se decidió publicar ese documento, la transparencia desmitificó la carta y nuestra economía durante 17 años ha gozado del beneficio de contar con un auditor externo para identificar y corregir deficiencias.

Hace poco se publicó la carta de intención para el 2008 y es una gran decepción. No parece existir voluntad de avanzar con reformas fiscales, con lo cual la segunda votación para aprobar sanciones por incumplir la Ley de Responsabilidad Fiscal seguirá encarpetada en la Presidencia del Congreso, donde está hace año y medio. Adicionalmente, se le seguirán quitando recursos al Fondo de Estabilización Fiscal y el presupuesto por resultados no pasará de ser un programa piloto hasta el final de este gobierno. Asimismo, no hay metas específicas en concesiones, las cuales en el pasado siempre obligaron a Copri (ahora Proinversión) a tratar de cumplir con los montos comprometidos. Finalmente, como para asegurar que hasta el más despistado lector note la falta de intención, la última sección que se titula 'reformas promotoras del crecimiento' tiene un solo párrafo y ninguna nueva reforma.

Evidentemente la carta refleja facilicismo tanto del Gobierno que quiere seguir sin hacer mayor esfuerzo, como del FMI, cuyos funcionarios, luego de sufrir los carnavales heterodoxos en Caracas o Buenos Aires, llegan a Lima y deben sentir que aterrizaron en Suiza, por lo que no plantean mayores exigencias a su cliente estrella. En un mercado normal se cambia al auditor y asunto solucionado, pero al FMI no se le puede reemplazar porque es el único que ofrece ese servicio. La complacencia en el proceso de auditoría siempre termina mal, tanto para el cliente como para el auditor, basta recordar el triste final de Enron y Arthur Andersen.

Si bien el 2007 ha sido excelente, con excepción de la inflación, y el año que comienza, pese al deterioro de la economía norteamericana, es casi seguro que también lo sea, el riesgo de la complacencia está más bien en no lograr que del 2009 en adelante siga el fuerte impulso de la inversión. Incluso al paso que vamos no lograremos mantener el entusiasmo ya que no estamos eliminando cuellos de botella ni reformando, con ello el crecimiento sin duda se irá desacelerando. De darse esa situación, sería desastroso entrar al ciclo electoral del 2010/11 creciendo al 4%, que podría parecer bien en el papel, pero luego del 8% actual dará una sensación de recesión, lo que llevaría a un voto de rechazo hepático en la población.

Felizmente, el BCR al menos todavía mantiene la intención de bajar la inflación y actuó adecuadamente subiendo la tasa de interés a 5,25%. Esta decisión que amplía el diferencial con la tasa del 4,25% del Federal Reserve de EE.UU. hará cada vez más atractivo el ahorro en soles y llevaría a una mayor alza del sol. Esta apreciación cambiaria, aparte de enfriar expectativas inflacionarias, también va a forzar a las empresas que tienen ventas en dólares pero gastos en soles a aumentar su productividad para compensar, lo cual si bien es una molestia para el sector privado, no es necesariamente malo, ya que nos permitirá contar con empresas más eficientes y sólidas en el largo plazo. Por ello, daría la impresión que ante la evidente falta de intención en reformar, la política cambiaria se estaría convirtiendo en el principal vehículo hacia la modernidad y competitividad.

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