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Crónica CRIMEN PASIONAL

Celos que llegaron muy lejos

El jueves 3 de enero, el teniente PNP Jorge Flores Díaz asesinó de dos balazos a su esposa, la suboficial Katherine Sihuas Uchuya, en las escaleras de su casa. Conozca este drama

Por Alberto Villar Campos

Marcada por la obsesión, las sospechas y el silencio, la relación entre Katherine Sihuas Uchuya (26) y Jorge Flores Díaz (38) se apagó de pronto en los primeros escalones de una casa en San Juan de Lurigancho el jueves 3 de enero. Fueron tres disparos incapaces de menguar una agonía que siguió en las tres horas siguientes: un crimen, al parecer, con sus nombres escritos desde hacía tiempo. Antes de los ruidos y la fatalidad, ella le pidió por última vez que se fuera. Eran las 2 de la tarde cuando, finalmente, sus cuerpos cayeron al suelo.

Llegaron inconscientes a la clínica San Juan Bautista, situada a unas pocas cuadras de donde ella vivía y en la que les realizaron diversos e infructuosos procedimientos de reanimación. Ella tenía dos orificios, uno a la altura del pecho y otro en la sien; él, apenas uno, en el cráneo. El sangrado era profuso y las lesiones habían causado graves daños neurológicos. El análisis médico concluyó que las muertes se produjeron a raíz de una hipertensión endocraneana severa, es decir, una implacable inflamación de la masa encefálica.

OSCURA OBSESIÓN
La relación entre la suboficial y el teniente de la policía se inició hace tres años, cuando él trabajaba en la comisaría de Monserrate y ella se dedicaba a patrullar la ciudad en su motocicleta. Tras seis meses de enamoramiento, producto del cual Sihuas quedó embarazada, ambos decidieron casarse.

Gabriela, hermana de la víctima, asegura que el matrimonio se concretó por las presiones del oficial. "Ella no quería hacerlo, porque él era muy obsesivo y la celaba bastante, pero al final accedió", sostiene la joven de 24 años en los escalones de la vivienda donde ocurrió el crimen.

Según ella, la razón del obstinado comportamiento del teniente era el primer hijo que Katherine tuvo con una anterior relación. "A él le molestaba que mi hermana fuera cariñosa con su niño, porque decía que se parecía mucho a su papá", sostiene. Pese a ello, y a las muchas veces en que la suboficial llegó sollozante a su casa para contarle de sus pleitos, la pareja se mantuvo unida durante dos años. "Siempre creía que mi hermana le era infiel --relata Gabriela--. A mí y a otros familiares nos preguntaba siempre lo mismo: '¿Crees que me engaña?', decía. Nos tenía cansados".

Fue Katherine Sihuas quien, decidió acabar con una relación destinada al fracaso. Sin embargo, ambos continuaron viviendo juntos pues --según Gabriela-- "ella siempre terminaba accediendo a sus ruegos". Hace seis meses, la pareja se mudó a un complejo de viviendas en Lurín, donde también residen otros policías. El silencio de esas cuatro paredes prolongaría la secreta agonía de su relación.

ARRANQUES Y SOSPECHAS
La versión de Rosa Díaz, madre del oficial y en cuya vivienda la pareja vivió al inicio de su relación, es completamente distinta a la de la familia de la suboficial. "Ella tenía un carácter fuerte, pero él se casó pensando que con el tiempo todo cambiaría", recuerda la mujer. De su rostro compungido y sus palabras brota ahora un incomprensible sabor a rencor. Como si no fuera capaz aún de aceptar que su hijo disparó dos veces contra su pareja y luego decidió acabar con su vida. Junto a ella, Rosa María, hermana del fallecido, afirma sin temor alguno que las infidelidades de Katherine Sihuas empezaron ni bien se produjo el casamiento.

En pocas ocasiones, la familia de Flores Díaz y la suboficial Sihuas se enfrascaron en pleitos por sus presuntas relaciones extramaritales. "Pero él nunca quiso dejarla. Le preocupaba lo que dirían sus vecinos, además del temor a quedarse solo a su edad", sostiene la madre.

La última Nochebuena, la pareja la pasó separada: ella en su casa de San Juan de Lurigancho, junto a su madre, sus dos hermanas y sus hijos; él, en casa de sus padres y acompañado por sus cinco hermanos. "Fue una Navidad bonita, bailamos y recordamos viejos momentos", narra Gabriela. Aquella sería la última vez que la vería con vida.

El 31 de diciembre, la madre y los hijos de la suboficial viajaron a Pisco para recibir el Año Nuevo junto a sus familiares. Planeaban quedarse allí por lo menos una semana. "Por suerte se llevó a los bebes. ¿Qué hubiera pasado si se quedaban aquí?", se indigna la hermana de la suboficial.

Tal parece que el advenimiento del 2008 fue la gota que derramó el vaso en la compleja relación de ambos policías. A diferencia de Gabriela, quien asegura que su hermana pasó el Año Nuevo junto a algunas de sus amigas en su hogar de Lurín, la familia del oficial sostiene que a aquella reunión asistió también un hombre desconocido que, sin más, habría de despertar la ira del esposo.

Varios mensajes de voz dejados por este hombre en los celulares de Sihuas días antes del crimen, y que hoy son materia de investigación policial, darían fe de aquel amargo arrebato.

EL ÚLTIMO ENCUENTRO
El jueves 3 de enero, a las 7 de la mañana, Jorge Flores Díaz dejó la comisaría de Barranco luego de concluir su guardia de 24 horas como parte del escuadrón de emergencia del distrito. De acuerdo con versiones de policías del lugar, la pareja, que solía realizar labores de seguridad privada en sus días de descanso, trabajó durante diciembre en zonas cercanas a la delegación. "Él nunca comentó que tenía problemas con su mujer; se les veía normales", refiere un oficial.

Aunque existen versiones contradictorias respecto de cómo fue su encuentro aquel día, Katherine Sihuas (que era policía motorizada en la jefatura distrital de San Isidro) y Jorge Flores fueron vistos en la zona mientras descendían, en taxis distintos, muy cerca de la casa de ella, en San Juan de Lurigancho. La suboficial llevaba prisa y él, pasos más atrás, le increpaba en voz alta.

Al verse sorprendido por la actitud aparentemente indiferente de la mujer, el teniente atravesó la puerta principal de la vivienda para bloquearla y, segundos después, ingresó a ella violentamente. Lo que se oiría después sería algo que solo una relación como la suya podría producir: tres disparos mortales, los intentos de-sesperados de la suboficial por seguir con vida, sus intermitentes susurros recordando a su madre y pidiendo que por favor regrese, el silencio absoluto de un hombre con una sola y desconcertante certeza: Había llegado el momento de ponerle fin a esa historia.

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