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SEGUNDO FESTIVAL DE MIMOS

Los devotos del gesto se encontraron en Lima

Por David Hidalgo

Los virtuosos del gesto están exonerados de dar explicaciones. Les basta con hacer verbo de su carne, a la inversa del dogma bíblico. Tras el telón negro del escenario varios rostros blancos celebran esa soberanía de las señas: unos vienen de provincias, otros sobreviven en Lima, y entre los camerinos circula una tropa familiar --padre, madre y tres hijas-- que pertenece a la legión extranjera. El segundo festival internacional "Los mimos viven" los ha convocado a expresarse. "El silencio no tiene límites, los límites los pone la palabra", precisa una frase atribuida a Marcel Marceau. En sus historias se evidencia la fuerza de ese mandato.

Hay quien hace del gesto una terapia. Puede verse en los logros que ha traído de Trujillo el grupo Gotitas de Rocío. Son doce jóvenes con síndrome de Down y otros problemas que han encontrado un poderoso lenguaje en los gestos. "Con el mimo han mejorado tremendamente su capacidad para expresarse", dice Rocío del Carmen Rojas, educadora y fisioterapeuta, que profundizó en el tema a partir de la experiencia familiar. Su hermano tiene retardo. Ella ya hacía teatro cuando decidió aplicar esas técnicas a la rehabilitación. Ahora tiene un taller que cada semana convoca a jóvenes en la misma condición para entrenarlos como mimos.

Entre las figuras del grupo está Carlos Menchora (25), 'Calalo', quien esta tarde luce un brillante traje de Arlequín. "Tengo cinco años haciendo mimo", comenta. Uno de los números en los que participa, llamado Collage, incluye coreografías de Chayanne, lectura de poemas y otras habilidades. Su compañero Carlos García, 'Chino', hace de mago y domador. "Recibir el aplauso del público los pone tan felices que se preocupan de hacer las cosas bien", refiere Rojas. La telepatía del cariño no requiere argumentos.

VIDAS SILENTES
El arte del mimo invade el camino de sus devotos. Alexander Sabino había probado en la locución y el teatro hasta que conoció a un colega que le habló de un taller. Sería por seis meses. A la fecha lleva seis años con la cara blanca. Su grupo Arlequín y Colombina explora temas sociales desde su voto de silencio. "No puedes entretener al público con el número de la pared durante media hora", explica. Un ejemplo es el mimodrama "Pantogay", que cuenta la triple vida de un hombre que finge ser heterosexual en su trabajo y ante su novia. "¿Quién no tiene una doble vida? Está en el lado más profundo del ser humano", dice Sabino.

Es un axioma recurrente en este cónclave de mudos. La actriz Silvia Vásquez, por ejemplo, comparte su pasión por Charles Chaplin con su faceta de cantante de heavy metal. "Un día me vi la cara, los hombros y me percaté del parecido", comenta. Allí empezó una fijación que la ha llevado a ver doce películas del actor, leer su biografía y a encontrar paralelos entre las vidas de ambos. Según recuerda, Chaplin empezó a actuar un día en que su madre se quedó sin voz en el escenario y él se metió a improvisar para cubrirla. "Yo estaba trabajando el personaje cuando mi compañera me dijo que ya tenía un contrato. Tuve que cumplirlo", dice la actriz. Mientras busca la perfección, Vásquez mantiene separados sus mundos artísticos. Estridente uno y sosegado el otro, todavía no queda claro cuál prevalecerá. Ella se deja llevar: "Uno aprende más equivocándose que acertando. Y esta es la edad de errar".

Las intuiciones toman fundamento en encuentros como este, donde cada artista trae propuestas nacidas del sudor en talleres actorales o en la calle. "El gesto es nuestro tema de exploración", dice Fernando Ramos, fundador de la Escuela Experimental de Mimo, que tiene a cargo la organización. Es tiempo de intercambio. Ramos tiene en mente la creación de la mimoteca, un gran archivo en video de todos los espectáculos de mimo que se pueda registrar. Lleva diez años recopilando material. "Se llamará la mimoteca Jorge Acuña, en homenaje al maestro del mimo nacional, y estará emparentada con la Ricardo Bandeira, de Brasil", cuenta el también actor y profesor de teatro. Será un legado valioso sobre el poder del gesto. Un archivo sin límites, porque estará más allá de las palabras.

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