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Crónica LUCHA CONTRA LA POBREZA

Los sueños de Sofía se hacen realidad

Una joven de 22 años ha sacudido la mentalidad de los pobladores de una comunidad pobre de Apurímac. Es microempresaria y está mejorando la calidad de vida de su familia

Por Javier Ascue Sarmiento

La campesina Sofía Castañeda Medina (22) será algún día parte importante de la historia de Cachora, una pequeña comunidad altoandina de la provincia de Abancay, en Apurímac, que es una de las regiones con mayor cantidad de población en extrema pobreza del país.

Pese a su juventud o quizás por ella, Sofía ha demostrado cómo vencer la pobreza con voluntad férrea, trabajo, perseverancia y olfato para aprovechar al máximo las oportunidades que se han presentado en su aún corto camino.

Su primera lucha empezó en agosto del 2007 en contra del pesimismo de su propia familia y de los demás comuneros de Cachora, quienes no querían aceptar que debían buscar por ellos mismos posibilidades para enfrentarse contra el hambre, la desnutrición y el ancestral abandono en los que los han sumido todos los gobiernos.

Fue ella la primera de su comunidad en aceptar poner en marcha el proyecto denominado Allin Wiñanapacc (para crecer bien, en español) del Programa Vivienda Saludable y Productiva del Gobierno Regional de Apurímac. Más de 10 mil familias campesinas de 43 comunidades, pertenecientes a diez distritos de las siete provincias de Apurímac, están dispuestas a tener hogares productivos con la participación de sus familiares.

Dicho programa también busca mejorar las experiencias y vivencias ancestrales de las familias campesinas, principalmente en lo que se refiere a las típicas viviendas de un solo ambiente, donde el dormitorio es comedor, cocina y hasta baño. Todo compartido con animales menores como cuyes, gallinas, gatos y carneros.

La vivienda saludable y productiva de Sofía ha empezado a construirse de acuerdo con las pautas recibidas en el programa. A diferencia de las otras viviendas, los espacios están correctamente distribuidos a fin de que cada actividad se desarrolle en el lugar más apropiado así como para garantizar que cada miembro de la familia tenga su ambiente propio, principalmente sus dormitorios. Los animales tendrán corrales, nidos y apostaderos para desarrollarse y producir económicamente.

Para financiar su casa en un lugar tan pobre, la joven Sofía se ha convertido en una microempresaria gracias a la capacitación y apoyo del Consejo Regional de Seguridad Alimentaria y Lucha Contra la Desnutrición.

Por ello está desarrollando biohuertos, crianza de cuyes y aves de corral para el consumo familiar y la venta local, lo que le permite pagar a los albañiles que le ayudan en la construcción de su vivienda.

"Es un sueño que se hace realidad. Desterrar la extrema pobreza, cambiar los hábitos y costumbres en mi familia y luego en el pueblo. Ganar dinero sin salir a otro lugar", cuenta emocionada ahora que ha logrado cambiar algunas costumbres en su familia.

Ahora su papá y hermanos mayores trabajan tenazmente durante todo el día en los biohuertos y en la granja, pese a que estaban acostumbrados a cosechar una vez al año, esperar las lluvias y no hacer nada más para salir de la pobreza. Gracias a ello comen cuy y gallina cuando les apetece. Antes ello solo era posible en los cumpleaños.

UN MEJOR FUTURO
"Estoy erradicando la desnutrición y mi papá me ayuda porque está feliz con los cambios", señala Sofía, quien estudió la educación secundaria en el colegio San Felipe del distrito de Comas. Tuvo que retornar a su pueblo al no conseguir trabajo en Lima.

El presidente del Gobierno Regional de Apurímac, David Salazar Morote, también está orgulloso de los resultados que está dando el Programa Allin Wiñanapacc. "El reto es romper el mito de que el campesino solo produce para consumir y que siempre está esperando ayuda. La revalorización de los productos oriundos es importante para recuperar la soberanía alimentaria del campo, comenzando con la producción del cuy", comentó Salazar, aunque el objetivo apunta a la tecnificación del riego por aspersión para obtener pastos y mejorar la producción de los animales y aprovechar los biohuertos todo el año.

Pero el camino recorrido por Sofía no ha sido fácil. Al inicio, y quizás hasta ahora, recibe críticas de los demás pobladores a quienes no les parecía que una mujer joven labrara la tierra, sembrara, cosechara hortalizas y vendiera animales. "'Búscate un hombre', me gritaban porque para ellos la mujer debe estar en la casa criando a los hijos", recuerda Sofía, aunque admite que todo Cachora está comenzando a cambiar.

"Encontré el cambio. He aprendido a sembrar, cosechar y vender. He aprendido a comprar semillas con un sol y ganar diez soles. Soy feliz cuando un vecino me visita para saber qué hago y le enseño. Yo creo que en poco tiempo muchos saldrán de la pobreza. Todo depende de uno mismo", afirma la joven, convencida del futuro que le espera a su pueblo, pero sobre todo a ella.

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