UN RETO PARA LA GESTIÓN MUNICIPAL
Por Andrea Castillo Calderón
Los esfuerzos de algunas municipalidades por mejorar los servicios de limpieza pública resultan insuficientes frente a un problema que va en aumento: la producción de residuos sólidos en la capital. En los últimos diez años, la generación per cápita de desechos se ha elevado en un 40%, según estimaciones de la organización Promoción del Desarrollo Sostenible (IPES).
En 1996, la generación per cápita de residuos sólidos era de 0,50 kilos por habitante por día; en el 2006, ese índice se colocó en 0,716 kg/hab/día, precisó el ingeniero Libio Villar, asesor ambiental de IPES.
Según estimados de la consultora Maximixe, la generación nacional de residuos mantendrá el mismo ritmo de crecimiento (2,6% anual) en los próximos cinco años. Actualmente, el 71% de la basura que se recoge queda bajo responsabilidad de las municipalidades.
El incremento --sostuvo Libio Villar-- va de la mano con el consumo. Basta revisar la composición física de los residuos domiciliarios de Lima y el Callao (vea el infográfico) para comprobarlo. En el 2006 (el dato más reciente) el 52% correspondía a residuos sólidos orgánicos. Los restantes son inorgánicos.
Para Jorge Laos Chung, gerente de Servicios a la Ciudad de la Municipalidad de Surco, el mayor consumo se refleja en la producción de residuos sólidos del centro comercial Jockey Plaza: en el 2001 generaba 93 toneladas de desechos por mes; en el 2006, 130 toneladas por mes. "Sin duda, la gente gasta más", comentó.
¿QUÉ HACER?
La generación excesiva de basura exige a los gobiernos locales mayor capacidad de gestión. Hasta el momento, solo 38 municipalidades en todo el país (14 en Lima) cuentan con planes integrales de gestión ambiental de residuos sólidos (Pigras), como exige la Ley General de Residuos Sólidos. La Municipalidad Metropolitana de Lima tampoco cuenta con ese documento, aunque, informó, se encuentra en evaluación el instrumento de gestión referido al Plan de Manejo de Residuos Sólidos Distrital del Cercado de Lima.
"Las municipalidades necesitan desarrollar capacidades para mejorar la gestión de los residuos sólidos en su jurisdicción y, para ello, tanto o más importante que el aspecto técnico es la capacitación", señaló el ingeniero Libio Villar de IPES.
Este componente y la creatividad en la gestión son los pilares del proyecto de segregación domiciliaria de residuos inorgánicos de la Municipalidad de Surco que, con la participación del 25% de familias del distrito, abastece la planta piloto que administra la Empresa Municipal Santiago de Surco S.A. (Emuss S.A). Luego de cinco años en funcionamiento, la planta capta por mes 400 toneladas de desechos sólidos inorgánicos y vende en el mercado de residuos 200 toneladas de material, entre botellas PET prensadas y cartón, principalmente. Al mes factura aproximadamente 100.000 soles.
Poner la planta puede ser fácil, lo complicado es que nadie capacita primero al vecino para asegurar su participación en el programa, comentó Jorge Laos, gerente de Servicios a la Ciudad de Surco. La provisión de las bolsas de plástico que se entregarán a los vecinos se resuelve con un convenio con los supermercados peruanos.
NUEVAS INICIATIVAS
Otras municipalidades de Lima también tienen interés y desarrollan pilotos de segregación de origen de residuos inorgánicos, como La Victoria (Urb. Apolo) y Magdalena (Urb. Jacarandá). En San Martín de Porres, afirmó el alcalde Freddy Ternero, se comenzará en la Urb. Ingeniería. Jesús María lo hará en febrero, pero con un piloto de capacitación.
DEL CONSULTOR
Para reciclar hay que educar*
Las maneras de usar y organizar la ciudad nos permiten una lectura de las relaciones sociales entre sus ciudadanos. Lima es indicativa del aserto, sus residuos sólidos afirman el nivel económico y patrones de consumo, una diversidad que varía en función de zonas, y lamentablemente en la manera en que se gestiona y dan los servicios.
Una falsa modernidad nos impone hábitos de consumo inapropiados con el entorno, son signos de una riqueza fatua como el utilizar más productos envasados, imponiéndonos una ideología del plástico. Y se agrava, porque el mejor o nuevo uso de estos desechos no forma parte de la vida cotidiana de la población o la reflexión de las autoridades. La opción de segregar y reciclarlos desde la casa es una opción importante, pero compleja, porque en ella influye la existencia de una cultura compartida de hacer ciudad.
Tenemos que construir nuevos patrones de conducta, si queremos una ciudad equitativa donde compartamos recursos y aprendizajes. Una experiencia significativa en educación ambiental se dio en el residencial San Felipe de Jesús María, que conviene hoy evaluar. Sabemos que este tipo de ensayos exige un trabajo previo, como es organizar un sistema de educación permanente en ciudadanía.
* Juan Tokeshi. Arquitecto y urbanista