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A fines de diciembre, el suboficial PNP Pablo Herrera More murió de un balazo en el pecho percutado al interior de la comisaría de San Isidro por un ladrón que luego se suicidó

La muerte cuando ya nada importa

Crónica ¿HUBO O NO NEGLIGENCIA?

Por Alberto Villar Campos

Lo que se pudo ver en sus manos, antes de que extrajera el cuchillo con el que siempre amenazaba a sus víctimas, era un viejo libro de "Las tradiciones peruanas" de Ricardo Palma. Tenía la misma apariencia de seis días atrás: como de estar allí sin realmente quererlo. Aun así, Ana María Belgrano lo hizo pasar. Recordaba su rostro, el pronunciado acento argentino y aquella aparentemente trivial promesa de regresar a comprar una cartera.

En esa tienda de la cuadra 5 de Libertadores, en San Isidro, nadie podía decir que aquel hombre era un avezado ladrón que el 20 de diciembre, a tan solo unas pocas cuadras de allí, había robado ya otro negocio y que ocho horas más tarde se quitaría la vida luego de asesinar a un policía al interior de la comisaría de San Isidro.

"PARECÍA UN HOMBRE DÓCIL"
La tarde del 26 de diciembre, pocas horas antes de su muerte, el suboficial PNP Pablo Herrera More (38) visitó brevemente su casa, en Independencia, donde viven Estela Vidal, su esposa, y su hijo de 5 años. Solía hacerlo de vez en cuando, en medio de rutinarias entregas de documentos de la comisaría de San Isidro, donde trabajaba. Era un hombre que amaba su profesión, sumamente disciplinado, pero sobre todo precavido, recuerda Estela.

A inicios de diciembre, el suboficial le dijo a su mujer que resguardaría la puerta de la comisaría. "Es el mes más duro", le comentó una noche. La madrugada del jueves 27, luego de que le anunciaran el crimen, ella exclamaría: "¡A mi esposo lo mataron en su casa, con su familia!". Le era difícil creer que algo así le hubiera sucedido a alguien como él. "A veces no tomaba a la gente con tanta maldad", se lamenta ahora.

Mientras Herrera se encontraba en Independencia, el hombre a quien luego identificarían como Cristóbal Ariel Farías o Luis Daniel Farías (37) era detenido por el serenazgo de San Isidro, a solo tres cuadras de la tienda donde minutos atrás había entrado a robar. Fue una operación rápida --encabezada por el coronel PNP José Ríos Sánchez-- que partió de la llamada de un comercio ubicado al frente del local de Libertadores.

"Parecía un hombre dócil", relató Ríos Sánchez, refiriéndose al delincuente en cuya mochila encontraron más de 600 soles, además de la cartera de Ana María Belgrano y 37 llaveros.

Cuando Herrera atravesó la puerta de la comisaría, su asesino ya estaba allí.

EXCESO DE CONFIANZA
"Difícilmente hubiera tenido fuerzas para seguir vivo", dice un oficial de la Dirincri. Se refiere a la probable conducta suicida del asesino de su colega, un hombre que, según investigación preliminar, pasó algunos años en una prisión de Lima por delitos de robo y quien sería argentino, pese a que, en la comisaría de San Isidro, aseguró haber nacido en España.

Ana María Belgrano señala que el delincuente mostró una actitud agresiva en la dependencia policial, adonde ella llegó para identificarlo. "¡Sáquenme las esposas!", exclamaba quien horas antes le había advertido, cuchillo en mano, que se callara, pues no quería hacerle daño.

Según la información que se maneja hasta ahora, el crimen y posterior suicidio ocurrió en algún momento entre las 11 p.m. del miércoles 26 y las primeras horas del día siguiente, en el sótano de la comisaría sanisidrina, donde se encuentran los dos calabozos. Tras, aparentemente, haberse negado a declarar, se ordenó que el delincuente fuera trasladado nuevamente al lugar de reclusión. Dicha labor fue asignada, según el comandante PNP Wilber Mendoza Rivasplata, comisario de la dependencia, al suboficial Herrera More.

"Si un detenido no quiere colaborar, tiene un grado de peligrosidad que no debe pasarse por alto", sostiene el coronel PNP Luis Flores Prialé, jefe distrital de Los Olivos y quien ha tenido a su cargo, entre otros, la custodia del curtido secuestrador Jacinto Aucayari Bellido, 'Cholo Jacinto', y de los senderistas Abimael Guzmán y Óscar Ramírez Durand 'Feliciano'. "Si fuera un delincuente primerizo, se pondría a derecho, pero si pide un abogado o cosas así, es que tiene experiencia", añade.

Dos preguntas surcan el aún enrevesado cielo de este crimen por partida doble. La primera es si Herrera More debía o no ser el encargado de trasladar al delincuente a la fría celda donde ambos encontraron la muerte en segundos. La segunda tiene que ver con la versión dada por policías que prefieren mantener el anonimato y que aseguran que el detenido no estuvo esposado al momento de regresar al calabozo.

Con voz de pocos amigos, Mendoza Rivasplata responde afirmativamente a las dos interrogantes. "¿Tendría que enviarlo a una universidad para que cumpla la labor de calabocero?", añade, en incomprensible ironía. Flores Prialé explica, no obstante, que esta es una función designada en la mayoría de los casos a un efectivo específico y no a un hombre que fue destacado a cuidar los exteriores de un local policial. "Aquí ha habido un exceso de confianza", sostiene.

El comisario de San Isidro dice también que, de acuerdo con el peritaje, el homicidio ocurrió dentro del calabozo y no fuera de él, como refieren oficiales que han seguido muy de cerca el caso. Uno de ellos señala que Herrera More habría liberado al detenido antes de abrir el candado de la celda, lo que motivó el incidente. Así lo confirmarían las manchas de sangre halladas en el pasillo del sótano y el candado que el fallecido suboficial tenía en la mano al momento de su hallazgo. Mendoza Rivasplata niega esta teoría.

Una bala de revólver calibre 35 atravesó mortalmente el pecho de Pablo Herrera More, quien se encontraba solo al momento del crimen. Segundos después, el hombre a quien un tiempo atrás habían capturado se apuntó en la sien y apretó por segunda y última vez el gatillo. Eso fue todo. El silencio que rodeó el instante posterior es ahora tan complejo y desconcertante como las dudas que permanecen tras el hecho. "¿Por qué no lo acompañaron?", se pregunta Estela Vidal, conteniendo el llanto y aferrándose para toda la vida a una frágil fotografía de su marido. ¿Habrá forma alguna de obtener respuestas para un crimen tan extraño como este?

MÁS DATOS
- Las investigaciones de la Inspectoría General de la PNP continuarán en la comisaría de San Isidro.
- Fuentes policiales de Miraflores señalaron que Cristóbal Ariel Farías o Luis Daniel Farías (37) tenía ocho denuncias por asalto con arma blanca, todas ellas a solitarias comerciantes.
- El cadáver del delincuente continúa hasta ahora en la Morgue Central de Lima, a la espera de identificación por parte de algún familiar.
- Años atrás, el suboficial PNP Pablo Herrera More prestó seguridad al entonces canciller Francisco Tudela.
- El 29 de diciembre, día en que fue sepultado, un vecino suyo murió de un infarto en el cementerio policial de Chorrillos .

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