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¿Por fin quién saca la cara por la legalidad?

Por: Juan Paredes Castro |

Acostumbrados como estamos al relajado principio de autoridad en el país, nos sorprende positivamente la decisión del Consejo Nacional de la Magistratura (CNM) de evaluar la conducta funcional de la fiscal de la Nación, doctora Adelaida Bolívar.

Esperábamos solo eso y no más por ahora: su voluntad de alejarse de la clásica vista gorda que suele convertir muchas veces a nuestras altas magistraturas en burdas caricaturas de sí mismas.

Alguna confianza había en que el CNM, que hace muy poco cesó en su cargo de presidente de la Corte Superior de Lima a Ángel Romero, no eludiría esta vez la responsabilidad que le asigna la Constitución precisamente como garante de la conducta funcional de los jueces y fiscales supremos.

En la medida en que todavía es lenta la recuperación de la confianza pública en la eficiencia y honestidad de la administración fiscal y judicial, son el CNM, la Sala Plena de la Corte Suprema y la Junta de Fiscales Supremos del Ministerio Público los encargados de garantizar al país el liderazgo que hace falta para impulsar los cambios que se requieren.

Sería una decepción muy grande que en este encumbrado nivel de liderazgo de la magistratura se repitiera el espíritu de cuerpo que en el Congreso ha generado una escandalosa estela de impunidad. Tampoco favoreceríamos ninguna investigación que no se ajustara al debido proceso y al respeto de la legítima defensa de los acusados o acusadas, como lo ha demostrado la actuación de la Oficina de Control de la Magistratura (OCMA), a cargo de la doctora Elcira Vásquez.

De la misma manera como un puñado de jueces y fiscales viene sacando la cara por una justicia limpia y honorable en la lucha contra la corrupción (ahí están los juicios contra Fujimori y sus ex colaboradores para demostrarlo), no debemos perder de vista la infiltración de fuerzas oscuras en el Ministerio Público y en el Poder Judicial, que definitivamente podrían poner al país al borde de lo que las mafias criminales quisieran: un narcoestado de dominio propio.

El CNM tiene que ser muy severo, y al mismo tiempo justo, en la evaluación de la doctora Adelaida Bolívar, pues de un lado hay evidencias de extraña tolerancia suya al hecho de que una fiscal sea transportada en el vehículo de una acusada por narcotráfico, y de otro lado hay la necesidad de salvaguardar la dignidad del fuero del Ministerio Público en la persona de su presidenta.

Lo que no puede hacer el CNM es sustraerse de esa severidad y justicia y caer en la irresponsabilidad de ver el caso superficialmente y a la carrera.

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